Emancipar

Por una EDUCACIÓN popular en POLÍTICA

La tolerancia del centro

«Comprendan bien esto: si la violencia ha comenzado esta noche, si la explotación ni la opresión nunca han existido en la tierra, tal vez la no violencia pueda aliviar la disputa. Pero si todo el país y hasta vuestros pensamientos no violentos son condicionados por la opresión milenaria, vuestra pasividad solo sirve para ponerse del lado de los opresores» Jean Paul Sartre [1].

Como se explicó en el artículo «El centro y la polarización», el centro político descalifica al contrincante político de ser polarizadores y extremistas, hacen un llamado a la tolerancia y al consenso. Pero cuando se violan los derechos y se masacra a la población, ¿debemos ser tolerantes?.

En solo 2020 van màs de 76 masacres
La masacre de Bogotá, 13 personas asesinadas y más de 70 heridos

Acallar y doblegar

Con violencia

En Colombia, la violencia ha sido el instrumento del Estado para la gobernabilidad. Con una democracia formal u oligarca bipartidista que ha frenado o marginalizado a los otros partidos políticos para mantener el statu quo. Y los principales medios para doblegar a los movimientos sociales y políticos – en su mayoría de izquierda- han sido la violencia, la represión o la persecución como los «falsos positivos judiciales»; justificando la violencia detrás de la doctrina del enemigo interno.

Los lideres de izquierda sociales son asesinados
Militantes del movimiento político Colombia Humana asesinados
Falsos positivos judiciales una política criminal del Estado

Con la palabra

Pero también hay quienes quieren acallar las voces de los otros a través del discurso semántico, como lo hace el centro político. Así, cuando esos otros expresan el desacuerdo o hablan de p. ej. la lucha de clases, el centro los señala de incitar al odio, al resentimiento, de ser tóxicos, extremistas o polarizadores. Proclaman la tolerancia y el consenso.


Es a través del disenso y no del consenso como se reconoce el principio de la diferencia de pensamientos y el entendimiento compartido entre todos. El disenso es la capacidad de cada persona a pensar en las cuestiones políticas, lo que implica todo un vocabulario (la lucha, el pueblo, las clases) y es el que permite actuar sobre las cuestiones sociales de la vida. El disenso se opone a la gobernanza, es decir, a la sola gestión de los «expertos competentes», y a todo su vocabulario empresarial (desarrollo sostenible, responsabilidad social de empresas, sociedad civil, aceptabilidad social, etc.) [2].

Filósofo canadiense, Alain Deneault, 2018

La tolerancia represiva

Entonces:

  • ¿La lucha de clases es odio cuando las personas mueren en la puerta de un hospital?.
  • ¿Es ser extremista cuando se reclama por los desalojos y más en plena pandemia?
  • ¿Es polarizar frente a los abusos y la violencia del Estado, como la masacre en Bogotá?
  • ¿Tenemos que callar y/o ser tolerantes frente a la estigmatización y a los señalamientos de ser guerrilleros, terroristas, vándalos, en un país en donde pedir derechos es cargar con una lápida en la espalda?.
Cuando el centro estigmatiza a las Universidades Públicas
Estudiantes y profesores viven en riesgo
  • ¿Decir que el avión ha tenido un rol central en la propagación del Coronavirus, es ser resentido?
  • ¿No podemos tampoco hablar de lucha de clases cuando un virus es propagado por las personas que tiene medios económicos para viajar?
  • ¿Es ser tóxico decir que son las personas pobres las más afectadas por una pandemia?
El avión ha tenido un rol central en la propagación del Coronavirus
El Coronavirus, como los ricos infectan a los pobres

Entonces, si el centro es tolerante, seamos intolerantemente solidarios, o ¿no estamos en el derecho de rebelarnos frente a la opresión?

Hay que ser intolerantes con determinadas formas de la tolerancia, cuya función social es la de mantener un orden de explotación y represión, de desigualdad e injusticia. Hoy más que nunca el rostro compasivo y amoroso de la tolerancia puede ser simple máscara de la dominación, como sugiere Marcuse.

La tolerancia, defendida con pasión y sin fisuras como la virtud más excelente de la democracia, en el fondo está exigida en el nuevo mercado del estado pluralista, el mercado de lo político, donde se requiere que los grupos negociadores asuman como norma la redefinición infinita del consenso. Indirecta y clandestinamente, el disenso queda declarado enemigo, visto como causa de inestabilidad, de inquietud, de peligro y, en el límite, de barbarie.

Toda forma de disenso es sospechosa de «intolerancia», venga de donde venga, como si la norma rigiera igual para los poderosos que para los débiles, ante los males naturales que ante los sociales sospechar, con Marcuse, que la tolerancia, bella virtud en usos circunscritos, puede ocultar y ser cómplice de un orden político social que oculta bajo sus guirnaldas de flores la indiferencia y el menosprecio del otro, tanto de su identidad como de su diferencia. Y el signo que debe disparar nuestra sospecha es, precisamente, que se pida tolerancia incluso con las ideas, ignorando que el pensamiento es el lugar idóneo y tolerante del disenso [3].

JM, Bermudo, 1999

La rebelión sí pero no aquí

Cuando la rebelión es en otro país, aplauden exaltados. Cuando pasa frente a sus ojos, mejor callar o reclamar por los vidrios rotos, pero no por los muertos que deja el ESMAD.

El 12 de enero de 1918, en EL Tiempo, periódico liberal, en Colombia, se lee: «en las grandes huelgas de los países civilizados, se suelen presentar violencias a la larga, por choques que son efectos de la duración del conflicto, pero en la Costa (Colombia) la declaratoria de huelga y la apelación a la violencia irrazonada han sido cosas simultáneas. Hay en ello algo que no puede tolerarse, que ninguna relación tiene con el derecho de huelga, que es pura zambra demagógica sin objeto y sin justificación posible, y es preciso extirpar estos gérmenes de torpe anarquía antes de que lleguen a ser un peligro para la nación».

¿Y en el siglo XXI?… Seguimos igual, aplaudimos las protestas de otros lados, como las de Chile y/o Perú. ¿Y si es en Colombia? pues… exigen caminar por los andenes, sin perturbar el orden, se señala a los manifestantes de vándalos justificando el envío del ESMAD.

El centro criticado las protestas en Bogotà y tratando a los manifestantes de vándalos
El centro aplaudiendo las protestas en Chile
Las protestas en Chile

Rebelarnos aquí y ahora

La lucha por el derecho. Para Rudolf Von Jhering, el derecho evoluciona al compás de la historia, desde luego, pero no de esa manera silenciosa y pausada que se le suponía conforme al credo anterior, sino a través de la lucha y la acción de personas o grupos concretos. En definitiva, el desarrollo del derecho respondía a la activación del sentimiento jurídico que se produce en los individuos o los colectivos ante la violación de un derecho que les corresponde, y que les lleva a poner en marcha el aparato procesal, o bien a rebelarse contra el orden establecido si sus legítimos derechos resultan ninguneados por los poderes públicos. [4].

L Lloredo Alix, 2018

La lucha de clases es un derecho y la tolerancia no puede seguir siendo un obstáculo para rebelarse. Es la hora de no parar el disenso y caminar hacia la EMANCIPACIÓN.

Bibliografía

Citas

[1] JP. Sartre, 1961 (ref. lectura, Marcuse)

[2] A. Deneault, 2018. (ref. lectura, Deneault )

[3] JM. Bermudo, 1999 (ref.lectura, Bermudo)

[4] L. Lloredo Alix, 2018 (ref. lectura, Lloredo)

Referencias Lectura

Referencias que se encuentra fácilmente en internet o en las bibliotecas virtuales como la Luis Ángel Arango. Click aqui y los llevará a la biblioteca.

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