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Por una EDUCACIÓN popular en POLÍTICA

El manifiesto tecnológico de la fragmentación y el tecno-colonialismo en América Latina

La fragmentación territorial y el tecno-colonialismo forman parte de una arquitectura global de poder que combina guerra, control tecnológico y disputa por los recursos. Como resume Alex Karp, CEO de Palantir: « Palantir está aquí para transformar las instituciones y, cuando sea necesario, para asustar a los enemigos y, en ocasiones, matarlos. Los límites del soft power, de la retórica brillante por sí sola, son hoy evidentes. La capacidad de las sociedades libres y democráticas para imponerse exige algo más que un llamado moral. Exige hard power, y el hard power de este siglo se basará en el software. Manifiesto de Palantier para la dominación  »  [1].

El manifiesto tecnológico de la fragmentación

Este manifiesto pone en evidencia una concepción del poder en la que la tecnología deja de ser una herramienta neutral para convertirse en un instrumento de dominación política, militar y territorial. Si el hard power del siglo XXI se basa en el software, ello implica también la ampliación de los mecanismos de vigilancia, control, coerción e intervención necesarios para preservar los intereses geopolíticos del Occidente « civilizado ». En esa perspectiva, los fraudes, las operaciones de influencia, las alianzas con actores criminales, la militarización y la fragmentación de los territorios no son excepciones, sino mecanismos constitutivos de una misma arquitectura de poder.

Bajo esta «doctrina» del hard power corporativo, donde no existen fronteras éticas y todo está permitido para preservar los intereses de las élites, las disputas electorales que hoy sacuden a América Latina no pueden comprenderse como episodios aislados. Por el contrario, esta matriz responde a raíces imperiales profundas; a esas dinámicas históricas de intervención, control territorial y reorganización del poder que se remontan al expansionismo estadounidense del siglo XIX y que, en la actualidad, adquieren nuevas formas a través de la militarización, la vigilancia tecnológica y la fragmentación de las geografías locales. Así como en el siglo XIX Occidente impuso fronteras artificiales para asegurar la extracción de recursos, hoy el tecno-colonialismo opera bajo la misma premisa: desarticular los espacios soberanos para que las élites globales puedan gobernarlos directamente desde el software.

Del filibusterismo al tecno-colonialismo

Esta vieja práctica de filibusterismo político hoy se ejecuta mediante algoritmos. El fraude electoral contemporáneo, que lleva el sello de Washington y Tel Aviv, no es un hecho aislado, sino que se inscribe en una larga tradición de intervención y despojo en América Latina.

Lo que ayer fue el filibusterismo en la región, hoy reaparece bajo la forma de un tecno-colonialismo que combina algoritmos, vigilancia, coerción y control territorial.

Honduras constituye uno de sus ejemplos más evidentes: el indulto total otorgado por Donald Trump al expresidente Juan Orlando Hernández —borrando de un plumazo su condena federal por narcotráfico y uso de armas—, sumado al respaldo político brindado a figuras como Nasry Asfura en elecciones marcadas por graves denuncias de fraude, demuestra una estrategia orientada a sostener y restaurar bloques de poder afines a los intereses geopolíticos de Estados Unidos e Israel. Para estas élites globales, no existen fronteras éticas ni jurídicas cuando se trata de proteger a sus « operadores » territoriales.

Esta misma dinámica parece proyectarse hoy sobre Colombia a través de campañas de desinformación, operaciones de influencia mediática como el llamado Hondurasgate, la judicialización de adversarios políticos (lawfare) y el respaldo a sectores estrechamente vinculados al uribismo. . El objetivo es claro: favorecer el ascenso de sectores políticos afines a los intereses geopolíticos de Washington, incluso cuando estos han sido señalados por sus vínculos con estructuras criminales y redes asociadas al narcotráfico, tal como ocurre con figuras como De la Espriella, ampliamente cuestionado por su rol como abogado y operador de entramados mafiosos.

Conviene recordar que el uribismo consolidó su poder sobre una maquinaria de terror estatal que dejó la trágica cifra de 6,402 ejecuciones extrajudiciales (conocidas como « falsos positivos »), un conteo del horror que hoy, según la Justicia Especial par la Paz (Jep), ya supera las 7,837 víctimas.

Este andamiaje consolida a la región como un nuevo eslabón en el corredor de la mafia estadounidense bajo la narrativa renovada del «Escudo para las Américas». Supuestamente diseñado para combatir el narcotráfico, este escudo en realidad encubre una alianza estructural con las economías criminales y amenaza con desatar una nueva ola de violencia en el continente.

Palestina: el laboratorio global del tecno-colonialismo

Para comprender este proceso en su dimensión global, el libro The Palestine Laboratory, del periodista Antony Loewenstein [2], nos muestra cómo Palestina se ha convertido en el laboratorio perfecto para el complejo militar-tecnológico israelí: desde la vigilancia, la demolición de viviendas, el encarcelamiento indefinido, la tortura y la brutalidad, hasta las herramientas de alta tecnología que impulsan la llamada «nación de las startups» y la fragmentación de los territorios.

Al respecto, la principal organización de derechos humanos de Israel acaba de publicar un informe que concluye que las cárceles israelíes han sido convertidas en « campos de tortura » bajo una política que afecta a miles de detenidos palestinos y ha provocado la muerte de al menos 60 de ellos, un hallazgo que coincide plenamente con lo alertado por un grupo de expertos de la ONU [3].

Esto es el tecno-colonialismo: la ocupación mediante la tecnología y la eliminación de los pueblos. A partir de esta experiencia concreta se puede observar con mayor claridad la lógica que subyace a estos procesos. El historiador australiano Patrick Wolfe [4], en su trabajo sobre el colonialismo de asentamiento (settler colonialism), analiza este fenómeno como un proceso de eliminación, no de reemplazo. Es decir, no se trata simplemente de desplazar pueblos, sino de disolver la indigeneidad para apoderarse definitivamente del territorio.

América Latina: militarización, extractivismo y continuidad colonial

Esta lógica tecno-colonial y de exterminio la podemos ver operando en América Latina. Para desplegarla, el imperio estadounidense necesita lacayos locales que legitimen su intervención mediante mecanismos criminales como el « Escudo de las Américas » —ese corredor narco impuesto por Washington bajo la excusa de « luchar » contra el narcotráfico—, pero que en realidad funciona como la coartada perfecta para la militarización que permite el extractivismo, la fragmentación de las regiones y el asentamiento de nuevos colonos corporativos..

Y esos lacayos son las élites criollas eurocentristas que, tras la independencia, reemplazaron a las autoridades coloniales españolas sin desmontar las estructuras de dominación heredadas. Élites criollas que, mediante el mestizaje forzado como política de Estado, legitimaron su poder sobre los territorios y las poblaciones originarias, promoviendo la homogeneización social y cultural como mecanismo de control político. Así, sustituyeron a las administraciones españolas en el control político, económico y cultural, conservando intactos los valores, las jerarquías raciales y los modelos de poder heredados de Europa.

Del etnocentrismo europeo al criollocentrismo en América Latina

El eurocentrismo es una forma de patrón de poder mundial, en la cual el eje principal es que se clasifique la sociedad en base a la idea de la raza. Este constructo mental es la que le da racionalidad a la forma de dominación europea colonial. Este pensamiento fue impuesto y aceptado por el mundo capitalista como el único pensamiento válido para la modernidad. Los europeos creyeron que eran lo que estaban en el nivel superior de la especie humana. Concentraron bajo su control todas las maneras de la subjetividad, el aspecto cultural y del conocimiento y su producción[5].

Como escribe el profesor de Ciencias Sociales de la Universidad del Tolima Miguel Antonio Espinosa Rico:

Desde la colonia, era claro para el común de las gentes, que ser criollo expresaba herencia de sangre hispana y una distancia bien definida entre aquel y la población mestiza, la más próxima en linaje, pero ya distante en “pureza de sangre”. La construcción del imaginario de lo “criollo” pudo ser algo involuntario, pero al detonar la independencia, adquirió un sentido práctico y contundente de lo “superior”, hábilmente cultivado y mantenido por las elites criollas, nuevas detentadoras del poder republicano [6]

El autor explica: «El criollismo al que aquí se hace referencia es, en primer lugar, una manifestación política de vocación de poder y de esencia independentista, pero criollismo no es igual a emancipación para los sectores sociales mayoritarios, como efectivamente lo ha mostrado la historia de casi dos siglos de independencia colonial. El poder militar, político, cultural y social pasó de manos españolas a manos criollas; el poder político-económico que antes descansaba en los encomenderos pasó pronto a manos de los terratenientes criollos; el poder emanado de la educación pasó del control hegemónico de la iglesia española al poder compartido del concordato Estado-Vaticano; y el modelo señorial de la sociedad colonial se transformó en una sociedad cultural y socialmente bi-polar, debatiéndose entre los estereotipos europeo y estadounidense».

El euro-criollocentrismo contemporáneo: el ejemplo argentino

Hoy, estos lacayos criollos, revestidos de ideología supuestamente libertaria, expresan la continuidad de ese euro-criollocentrismo y ejecutan la fragmentación tecno-colonial. Lo vemos claramente en Argentina, donde un asesor clave de Javier Milei, Demian Reidel, llegó a afirmar sin tapujos: « El único problema de Argentina es que está llena de argentinos« .

En sintonía, el propio Milei propuso en su momento: « Argentina no debería descartar la posibilidad de separar al país en dos. El país es invivible e imposible« . Estas afirmaciones revelan un pensamiento eurocriollocéntrico radical que concibe a las mayorías populares como un estorbo y al territorio como un espacio a la carta, rediseñado según los intereses económicos de Occidente. Más que una simple hipérbole, esta postura expresa una racionalidad neoliberal extrema en la que la viabilidad financiera desplaza a la nación como principio organizador, reduciendo la soberanía a una mera ecuación de rentabilidad.

Como plantea el analista político y dirigente social argentino, asociado al Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico Juan Guahán : el planteo de fragmentar Argentina se inscribe en una lógica neoliberal que reduce el territorio a un activo económico, debilitando la noción de soberanía nacional. Este enfoque se articula con procesos concretos de apropiación territorial, como el caso del Lago Escondido, ocupado de forma ilegal por el magnate británico Joe Lewis, en un contexto donde avanzan proyectos inmobiliarios y se multiplican incendios forestales presuntamente intencionales. Paralelamente, se construye un “enemigo interno” en las comunidades indígenas —particularmente el pueblo mapuche— a quienes se responsabiliza de estos hechos, habilitando su persecución y deslegitimación. En continuidad con una tradición histórica centralista y dependiente, estas ideas reaparecen hoy en propuestas que sugieren dividir el país en regiones, erosionando la unidad nacional y favoreciendo intereses externos [7].

Capitalismo de la fragmentación: la extranjerización de la tierra

El Instituto de Estudios y Formación (IEF) publicó un exhaustivo informe sobre los grandes terratenientes extranjeros en la Patagonia. Muchas de las propiedades de esta nómina violan flagrantemente la Ley 15.385 de Seguridad de Fronteras, convirtiendo la extranjerización de la tierra en un acuciante problema de soberanía nacional [8]. Entre los propietarios emblemáticos destacan:

Grupo Benetton (Italia) con 900 mil hectáreas (en Neuquén, Río Negro, Chubut y Santa Cruz); el Grupo Heilongjiang Beidahuang (China) con 330 mil; Somuncura Patagonia SA (Francia), con 155 mil; Rabino Elimeir Libersohn (EE UU) con 140 mil; Gold Corp (Canadá) con 130 mil; Trillum Corporation (EE UU) con 125 mil; Roberto Hiriart (Chile) con 100 mil; Anglo Ashanti Gold (Sudáfrica) con 50 mil; Grupo Burco (Bélgica) con 85 mil., Ted Turner (EE UU) con 56 mil. Sigue una lista con más nombres, entre ellos Joseph Lewis (sexta fortuna británica) con 38 mil hectáreas. Este último saltó a la fama por cercar el ingreso al Lago Escondido y tener un Aeropuerto que está fuera del control de radares y con capacidad de recibir aviones que pueden llegar hasta las Islas Malvinas, usurpadas por el Reino Unido.

Este último magnate británico saltó a la notoriedad pública por cercar ilegalmente el acceso al Lago Escondido y poseer un aeropuerto privado propio que opera fuera del control de los radares estatales argentinos, con capacidad para recibir aeronaves que pueden conectar directamente con las Islas Malvinas, usurpadas por el Reino Unido.

La fragmentación territorial no es ajena a esta herencia euro-criollocéntrica. Cuando las mayorías populares son percibidas como un obstáculo para los negocios de las élites, la solución histórica deja de ser la integración nacional y pasa a ser la separación, el estado de excepción o la creación de espacios sustraídos al control democrático. Es precisamente esta lógica la que el historiador Quinn Slobodian analiza en su obra sobre el capitalismo de la fragmentación [9]. Él explica que la división territorial es un proyecto deliberado de las élites para crear zonas liberadas de la democracia; un mundo convertido en un archipiélago de agujeros soberanos donde las mayorías quedan excluidas de los recursos. La propuesta de balcanizar Argentina es una versión más de esa vieja cartografía del despojo.

Capitalismo de la fragmentación y maquinaria teológica

Sin embargo, ningún proyecto de fragmentación territorial puede sostenerse únicamente mediante mecanismos económicos, militares o tecnológicos. Requiere, obligatoriamente, de una narrativa ideológica y cultural que lo legitime ante el sentido común. Detrás de toda esta ingeniería tecno-colonial opera una sofisticada maquinaria teológica. No es casual que uno de sus instrumentos geopolíticos más visibles lleve un nombre bíblico: los llamados Acuerdos de Abraham.

La referencia a los patriarcas remite a una narrativa religiosa estratégicamente utilizada para revestir de legitimidad espiritual proyectos geopolíticos e intereses económicos de carácter estrictamente corporativo, presentándolos como si respondieran a un designio histórico o divino. Estos acuerdos funcionan como vehículos de expansión política, cultural e ideológica, proyectando sobre América Latina una cosmovisión que combina poder geopolítico, excepcionalismo religioso y subordinación estratégica a los intereses de Estados Unidos e Israel.

Sionismo cristiano, Guerra Fría y control ideológico

Este sionismo cristiano —basado en la teología dispensacionalista— está presente en América Latina desde hace más de sesenta años. Históricamente, estas corrientes han sido promovidas y financiadas por agencias de inteligencia como la CIA con el objetivo explícito de despolitizar a los pueblos y mantenerlos alejados de cualquier proyecto de transformación social o de izquierda.

No se trata de una afirmación abstracta. Existen numerosos antecedentes históricos que demuestran la utilización de estas redes religiosas como instrumentos de contrainsurgencia ideológica en el continente. Como señala el teólogo estadounidense Stephen D. Morrison en su articulo sobre cómo la CIA conspiró para aplastar la Teología de la Liberación:

« La teología de la liberación fue percibida como una amenaza para el dominio estadounidense en la región por líderes de la CIA e incluso por la Casa Blanca. Esto se debía a que el principio fundamental de la teología de la liberación es la preferencia de Dios por los pobres. Por lo tanto, el Evangelio no es neutral en la lucha por la justicia económica. Dios está del lado de los pobres y oprimidos. Para el gobierno estadounidense, al aliarse con los intereses de los pobres y oprimidos, los defensores de la teología de la liberación se oponían a los intereses del imperio. Y eso se consideró inaceptable. Así comenzó la conspiración para aplastar la teología de la liberación. El cardenal Alfonso López Trujillo, como secretario general de la Conferencia Episcopal Latinoamericana, abandonaba su iglesia y se adentraba en los bosques de Colombia con los paramilitares; era conocido por señalar a sacerdotes y monjas radicales, quienes eran ejecutados.« [10]

En la misma línea, el filósofo de la liberación Enrique Dussel explicaba que ciertos movimientos evangélicos vinculados a esta corriente norteamericana funcionan como un aparato de control para desarticular los movimientos populares, imponiendo una espiritualidad que bendice al capital depredador mientras ataca las raíces culturales de los pueblos originarios

Una de las expresiones más visibles de esta orientación es su apoyo geopolítico e incondicional a las políticas de ocupación, llegando a justificar el exterminio de las poblaciones palestinas como parte de un supuesto «plan divino». No son sectas marginales: constituyen una de las principales expresiones del soft power cultural estadounidense y la avanzada ideológica que pavimenta el camino al tecno-colonialismo en nuestra región.

No son sectas marginales: constituyen una de las principales expresiones del soft power religioso y cultural estadounidense y una avanzada ideológica del tecno-colonialismo en América Latina. Mientras los « feligreses »

Conclusión: Fragmentar para borrar; la resistencia está en la memoria

Como dijo Eduardo Galeano:

Fragmentar para borrar; borrar para saquear. Detrás de este complejo engranaje, las élites criollas —dueñas del mestizaje como máscara de impunidad y poder— continúan entregando comunidades, soberanía y recursos a los intereses imperiales de turno. Se reproduce así una lógica colonial que nunca desapareció del todo, sino que simplemente automatizó sus herramientas y digitalizó sus lenguajes.

Sin embargo, incluso en medio de esta aparente fatalidad tecnológica, emerge la persistencia histórica de los pueblos. Así se evidencia en Palestina, en el Líbano y en tantos otros territorios agredidos donde comunidades enteras se plantan con dignidad frente a gigantes militares y de inteligencia digital. Si bien el precio humano que pagan es devastador, su resistencia demuestra que ningún poder global es absoluto ni ninguna dominación es eterna.

Comprender estas realidades es el cimiento indispensable para la resistencia. Cuando un imperio entra en su fase de declive geopolítico, suele desplegar mayores niveles de violencia y control coercitivo para retener un orden que se le escapa de las manos. Washington y su brazo militar y tecnológico en Medio Oriente pueden multiplicar sus algoritmos de vigilancia y sus maquinarias de destrucción; no obstante, jamás podrán extinguir la voluntad de los pueblos de existir, resistir y defender su territorio.

Es precisamente en esa persistencia política, frente a las condiciones más adversas, donde se construye la alternativa al olvido. El desafío de América Latina, como señalaba Galeano, consiste en romper el espejo de la imitación colonial y asumir la tarea de trazar un horizonte propio. Porque frente a las élites que promueven la desmemoria deliberada para perpetuar el saqueo, la historia profunda de nuestra región demuestra —desde la dignidad inquebrantable de las Madres de Plaza de Mayo en Argentina hasta las Madres de Soacha en Colombia— que la memoria no es un ejercicio estático sobre el pasado, sino una práctica política viva para exigir verdad, justicia y reparación en el presente. Su ejemplo nos recuerda que la soberanía real no se escribe en los códigos de un software extranjero, sino en la memoria histórica de los pueblos que deciden no desaparecer.

REFERENCIAS

[1] El manifiesto de Palantir para la dominación https://legrandcontinent.eu/es/2026/04/21/el-manifiesto-de-palantir-para-la-dominacion/

[2] The Palestine Laboratory: How Israel Exports the Technology of Occupation Around the World. Loewenstein, Antony. Londres: Verso Books, 2023.

[3] Los frutos de la impunidad https://brecha.com.uy/los-frutos-de-la-impunidad/. LaBrecha,
9 agosto, 2024

[4] « Settler Colonialism and the Elimination of the Native ». Wolfe, Patrick. Journal of Genocide Research, vol. 8, núm. 4, 2006, pp. 387-409.

[5] El eurocentrismo y el etnocentrismo en América Latina. Javier Celestino Villegas Mayorga.. Conocimiento Global, 3(1), 34-40. 2018.

[6] Del etnocentrismo europeo al criollocentrismo: pero no la independencia nacional. Miguel Antonio Espinosa Rico. Revista de Geografía Meridiano, número 3, 2014.

[7] Olvidando la idea de Nación, la amenaza de dividir en tres a la Argentina. Juan Guahán. https://estrategia.la/2024/02/04/olvidando-la-idea-de-nacion-la-amenaza-de-dividir-en-tres-a-la-argentina/ , 2024

[8] La extranjerización de tierras en nuestro país: un acuciante problema de soberanía. Julieta Caggiano y Matías Oberlin. https://www.observatoriodetierras.ar/2025/12/la-extranjerizacion-de-tierras-en.html?m=1 diciembre 15, 2025

[9] Crack-Up Capitalism: Market Radicals and the Dream of a World Without Democracy. Slobodian, Quinn. Nueva York: Metropolitan Books, 2023.

[10] When the CIA Conspired to Crush Liberation Theology.Stephen D. Morrison. junio 15,2022 https://www.sdmorrison.org/when-the-cia-conspired-to-crush-liberation-theology/