Emancipar

Por una EDUCACIÓN popular en POLÍTICA

La ciencia sin disenso y con censura no es ciencia

Richard Horton jefe de redacción de Lancet [1] escribe: La Covid-19 no es una pandemia, se trata más bien de una sindemia. Una enfermedad causada por las desigualdades sociales y por la crisis ecológica. Limitar el daño causado por el SARS-CoV-2 exigirá más atención a las ENT (enfermedades no transmisibles)[2] y a la desigualdad socio-económica de lo que se ha admitido hasta ahora. Una sindemia no es simplemente una comorbilidad. Las sindemias se caracterizan por interacciones biológicas y sociales entre condiciones y estados, interacciones que aumentan la susceptibilidad de una persona a sufrir daños o empeoran sus resultados de salud. En el caso de la COVID-19, atacar las ENT será un requisito previo para una contención exitosa .

Crisis sanitaria

La Covid19 nos está exponiendo la crisis sanitaria a gran escala, consecuencia de las debilidades del sistema de salud a nivel mundial (ver el negocio de la salud).

Los altos costos de la atención y la baja capacidad médica hicieron que la mayoría de países fueran vulnerables a la Covid19. Esto lo vemos claramente en Estados Unidos [3] o en Colombia, en donde los hospitales cierran sus puertas, las UCI están saturadas y en varias regiones y ciudades, el personal médico no recibe sueldo ni protección.

Sin UCI, la muerte
Los médicos si sueldos ni protección

Seguridad Sanitaria

También queda al descubierto que, a escala sanitaria, numerosos factores aumentan los riegos epidémicos o las enfermedades emergentes. Podemos citar:

  • El cambio climático
  • La degradación del medio ambiente
  • Los perturbadores endocrinos ( pesticidas como el glifosato)
  • la cría de animales de manera industrial e intensiva que pueden llevar a desarrollar zoonosis rápidamente [4]
Bogotá y la polución
En Colombia va en aumento la deforestación

América Latina conjuga varias situaciones y factores que la hacen particularmente vulnerable ante una pandemia mundial. Primero que todo, aún antes de la llegada del coronavirus, en el 2019 tuvo que enfrentar la epidemia de dengue más fuerte de su historia (más de tres millones de personas infectadas). Esta última ya afecta, según la Organización Panamericana de Salud (OPS), más de 1,9 millones de personas en ocho países desde inicios del 2020 (Argentina, Bolivia, Brasil – 65 % del total -, Colombia, Honduras, México, Nicaragua, Paraguay). Este incremento surge mientras que al mismo tiempo, la obesidad, las enfermedades cardiovasculares, la diabetes, etc. – muy presentes en los países latinoamericanos – favorecen la letalidad del coronavirus en las personas afectadas [5]

Christophe Ventura, 2020

Biodiversidad y pandemias

Las grandes pandemias, las epidemias y las enfermedades emergentes como por ejemplo el sida, tuberculosis, gripa, cólera, MERS-CoV, SARS, Ébola, Zika y COVID-19 etc, recuerdan a la comunidad internacional la importancia de la seguridad sanitaria y a la vez, las dificultades para poder garantizarla.

Por otro lado, científicos, expertos, periodistas o ciudadanos, continúan alertando sobre los diferentes factores que amenazan directamente la salud planetaria. Recientemente, la periodista Marie-Monique Robin en colaboración con el científico parasitólogo Serge Morand, en el libro «la Fábrica de Pandemias preservar la biodiversidad, un imperativo para la salud planetaria «[6] nos los recuerdan. Entrevistando a más de 70 científicos al rededor del mundo constatan:

  • La destrucción de ecosistemas causada por la deforestación
  • La urbanización
  • La agricultura industrial
  • La globalización económica

Y esta destrucción es el origen de las «zoonosis» transmitidas de animales a humanos: desde el ébola hasta el covid-19 se encuentran entre las «nuevas enfermedades emergentes» que se están multiplicando. Por otro lado, demuestran el por qué, más que la carrera inútil por las vacunas o el encierro crónico de la población, el único antídoto viable debe ser la preservación de la biodiversidad. Esto implica el fin de la influencia perjudicial del modelo económico dominante sobre los ecosistemas.

La crisis de la ciencia

Sin debate y con mentiras

Además de la sindemia, la crisis sanitaria y la seguridad sanitaria, se suma la crisis de la ciencia. Durante esta crisis de la salud, la institución científica ha mostrado, en el terreno público, las divisiones y enfrentamientos entre los representantes científicos. Han convertido a la ciencia en un campo de batalla y de mentiras. Un ejemplo, la retractación de la revista científica de Lancet [7] de un documento -basado en una sociedad americana, Surgisphere- el cual demostraba la supuesta nocividad de la hidroxicloroquina. Este artículo de Lancet tuvo varias consecuencias inmediatas en el contexto de la Covid-19.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) suspendió temporalmente el reclutamiento de pacientes con hidroxicloroquina en un gran ensayo clínico internacional, Solidarity [8]. A pesar de ser un documento de una fuente dudosa y científicamente poco fiable, fue suficiente para que el gobierno francés prohibiera el tratamiento de la Covid-19 con hidroxicloroquina y los dieciséis ensayos clínicos que probaban la hidroxicloroquina también se suspendieron a petición de la Agencia Nacional de Seguridad de los Medicamentos (ANSM).

Sin embargo, a pesar de las disculpas de The Lancet y la retractación de 3 de los autores, el gobierno no pidió excusas, ni suspendió la prohibición de los ensayos.

Sin debate y burla

En Colombia, para dar otro ejemplo, un médico que trabaja desde hace más de 25 años, ausculta a sus pacientes y según el juramento hipocrático debe salvar vidas, aconseja de consultar un médico que utilice el «arsenal terapéutico». Decir arsenal terapéutico fue el objeto de burlas de varios colegas y ciudadanos, señalándolo de charlatán. Profesionales sin ningún debate argumentativo, simples mofas y menosprecio.

Arsenal Terapéutico

Pero es gracias a ese «arsenal terapéutico» (termino que de hecho existe), es decir, los medicamentos existentes, como los médicos han salvado vidas. Cierto, medicamentos utilizados caso por caso, de acuerdo al cuadro clínico y/o patología de cada paciente. En la urgencia se debe actuar para asistir al enfermo.

La expresión arsenal terapéutico existe

Todo esto evidencia y significa -más que tener razón de un lado u otro- que hay una crisis científica que ha debilitado la ciencia como tal. Una ciencia que pierde el rol de cuestionarse y de buscar respuestas, es decir, como si hubiese una sola vía. Una ciencia que maneja al público como un rebaño al que le pedimos que no piense sino que confíe en sus pastores.

La ciencia ha unificado artificialmente la diversidad de las ciencias al oponer en todas partes la «objetividad de los hechos a la subjetividad de las opiniones». Las teorías especializadas proponen la tarea de descalificar el sentido común y convencer de someterse a la autoridad de aquellos que «saben». […]. Deshacer el sentido común es volver la reflexión impotente y separarla de toda capacidad de objeción contra el orden establecido, es reducirla a una imaginación lastimera [9].

Isabelle Stengers, 2020

Conflicto de intereses, antivacunas y conspiranoia

Además de la ciencia sin disenso, queda en evidencia el conflicto de intereses que tantos expertos, científicos, periodistas etc. han denunciado a lo largo de los años. Esto ha contribuido no solo a provocar una ola de desconfianza entre la población, también ha servido para que los «mercaderes de la duda» -científicos y asesores de alto nivel, con profundas conexiones en política e industria- moldeen la ciencia a su manera como si fuera la palabra sagrada. De esta forma se ha anulado la critica, el disenso y se señala de conspiracionista y antivacunas a cualquier científico que ose contradecir, con argumentos, la palabra sagrada. No está demás recordar que Galileo Galilei, el padre del método científico, fue obligado a retractarse de sus ideas y fue condenado por la Inquisición.

Señalar de antivacunas para silenciar la crítica

El Dr Christian Vélot del CRIIGEN (comité de investigación y de la información de ingeniería genética), fue señalado de antivacunas al realizar un video didáctico relativo a las vacunas basadas en biotecnologías. El CRIIGEN , sin ninguna posición anti-vacuna, cumpliendo perfectamente la función y misión de información independiente sobre ingeniería genética. En un comunicado del CRIIGEN expresó:

Preocupa que los temores que puedan engendrar ciertas vacunas no puedan ser discutidos y compartidos libremente sin ser etiquetados inmediatamente como «antivacunas» y sin que sus palabras sean vergonzosamente distorsionadas. El Dr. Christian Vélot nunca ha dicho, por ejemplo, que «el ARN puede modificar nuestro genoma» y especifica, por el contrario, que esto no puede suceder. Así mismo, nunca dijo que «las vacunas nos convertirán en transgénicos». Cualquier persona que vea el video o lea los escritos del Dr. Vélot verá que estas acusaciones son falsas y que no hay palabras de hostilidad contra las vacunas que se están haciendo. Simplemente se plantea, en particular, el riesgo de aparición de variantes recombinantes vinculadas a la vacunación genética, y el temor a la fuga inmunitaria que podría resultar de ella en un contexto de vacunación masiva durante una pandemia, como se han inquietado y expresado también otros científicos como los del documento escrito por el Profesor. Delfraiss y 4 de sus colegas, en la revista científica The Lancet el 18/02/2021

CRIIGEN, 2021

Conspiraciones para acallar

Así mismo, la teoría conspiratoria ha servido para distraer a la ciudadanía, crear la desconfianza, el miedo y así poder tomar decisiones, no basadas en la evidencia científica, sino en lo político y económico. Esta teoría conspiratoria la explica Bill Weinberg, escritor político, tomando el caso del 9-11 en Estados Unidos, pero encaja perfectamente en el caso actual de la Covid-19 y la ciencia.

Las conspiraciones existen. Contragate era una conspiración y quienquiera que estuviera detrás del 9-11, era una conspiración. Ya sea Al-Qaeda, la administración Bush, la CIA, el Mossad o cualquier combinación de los mismos, era una conspiración. Obviamente, las conspiraciones existen y son dignas de examen.

La falacia es lo que se ha denominado la «teoría de la conspiración», la noción de que las conspiraciones explican todo lo que está mal en la sociedad, esto es una inversión de la realidad. Es la economía política, no la teoría de la conspiración, lo que explica que está fundamentalmente mal en la sociedad: comprender las relaciones de poder permanentes y las desigualdades de la riqueza.

Las conspiraciones son simplemente un síntoma de la economía política imperante, al igual que la guerra, el terrorismo, la propaganda y el fascismo. El fascismo en su forma clásica se basa en la noción de que es una élite oculta, ya sean banqueros, judíos, grupo Bliderberg, Illuminatis etc – que controlan todo y son el «problema». Estas entidades no son el problema, ni lo controlan todo, y muy a menudo ni siquiera existen. […]. La obsesión por las élites convenientemente ocultas sirve para distraer de las élites bastantes reales que están a la vista. Se ha vuelto completamente pasado de moda decirlo, pero el problema no es el poder de las élites ocultas, sino que vivimos bajo el sistema capitalista. Es por eso que la conspiranoia es inevitable, es una herramienta útil para aquellos que buscan distraernos del análisis de clase [10].

Bill Weinberg, 2011

Sin ciencia y a puerta cerrada

Pero a pesar de que todo esto no es nuevo – el conflicto de intereses, el lobby, la teoría conspiratoria etc- aquí abajo algunos ejemplos- si es preocupante y alarmante que frente a una crisis sanitaria de gran envergadura, las autoridades sanitarias y políticas:

  • Decidan cerrar todas las alternativas
  • Anulan el disenso
  • Toman decisiones a puerta cerrada y sin ninguna transparencia
  • Acepten complacientes el lobby, teniendo como único interlocutor – los que tienen la palabra sagrada de la ciencia- a aquellos con conexiones estrechas con la industria.
  • Realicen marketing como si se tratara de vender un helado.

Todo esto ha demostrado la incompetencia de los gobernantes para manejar la crisis sanitaria, más preocupados por complacer a la industria -con los cuales cenan los políticos [11]- que en tomar medidas sanitarias reales para salvar la vida de la ciudadanía.

Lecturas

Mercaderes de dudas: un puñado de científicos oculta la verdad desde el humo del tabaco hasta el calentamiento global

Mercaderes de dudas

La industria de las mentiras: El lodo tóxico es bueno para usted explica los métodos y objetivos de las relaciones públicas corporativas.

El lobby

Glifosato y Cáncer, comprando a la ciencia: desinformación organizada en torno al glifosato, la firma estadounidense publicó artículos coescritos por sus empleados y firmados por científicos para contrarrestar información que denunciaba la toxicidad del glifosato.

Comprar la ciencia

Medicamentos mortales y crimen organizado: cómo las grandes farmacéuticas han corrompido la atención médica. Las industrias farmacéuticas, la farsa y el comportamiento fraudulento, tanto en la investigación como en el marketing.

Medicamentos y mafia

Los guardianes de la razón investigación sobre la desinformación científica: Explorando las nuevas fronteras del lobby, las estrategias de manipulación de los «mercaderes de la duda» para promover su «buena» ciencia y apoderarse del mercado de la información científica. Entre sus métodos el fact-checkers para defender las posiciones industriales.

La desinformación científica

Ciencia independiente y lanzadores de alertas

La ciencia no debe estar al servicio de lo económico y político, la salud no puede ser un negocio, las universidades, estudiantes, los estudios científicos no pueden seguir siendo financiados por los laboratorios farmacéuticos y si es el caso, se debe exigir la transparencia total.

Los laboratorios y el conflicto de interés
La Big Pharma financia las universidades

¿Deberían los científicos, como los ministros, «cerrar la boca o renunciar»? André Lamontagne, el ministro de Agricultura de Quebec, respondió implícitamente afirmativamente, el 24 de enero del 2019, despidiendo a Louis Robert, un agrónomo experimentado adjunto al Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación de la provincia de Belle. Fue declarado culpable de dar a conocer documentos a la prensa que cuestionaban la integridad de la investigación pública canadiense sobre el uso de productos fitosanitarios. Los científicos y lanzadores de alerta necesitan hoy más que nunca de la protección. Al alertar a la opinión pública, los científicos ponen en peligro sus carreras y, a menudo, se sitúan al margen de sus pares, observa Stéphane Foucart, periodista de «Le Monde» [12].

Stéphane Foucart, 2019

La Covid-19 y las vacunas

Christian Vélot, profesor de genética molecular en la Universidad Paris-Sud, director científico del Comité de Investigación para la Información Independiente en Ingeniería Genética (CRIIGEN), nos alerta sobre las vacunas y la Covid-19. El explica detalladamente los diferentes tipos de vacunas que existen en el mercado, las cuales divide en tres categorías según la técnica utilizada: vacunas de virus inactivados, vacunas de proteínas recombinantes y vacunas genéticas [13].

Él deplora la falta de diversidad de pensamiento en los órganos de decisión y denuncia errores por parte de determinadas autoridades, en particular las falsas declaraciones científicas del «señor vacuna» Alain Fisher, responsable de la política de vacunas en Francia. Aquí la entrevista del Dr. Vélot, traducida al español:

Para concluir

La ética médica y principio de precaución

  1. Un aparte del artículo de 6 investigadores japoneses con respecto a la vacuna del virus del papiloma humano (VPH):

Este trasfondo histórico ha creado una situación en la que los medios de comunicación y los reguladores (autoridades) no pueden ignorar fácilmente las quejas de las víctimas sobre los efectos secundarios de las nuevas vacunas. Es aquí donde podemos encontrar una pista sobre cómo resolver este problema. Es necesario mejorar la transparencia en cada paso del proceso de aprobación de productos farmacéuticos, desde el desarrollo de nuevos medicamentos hasta la vigilancia posterior a la comercialización. Al mismo tiempo, es fundamental fortalecer la gestión de los conflictos de intereses y desarrollar un sistema mediante el cual los ciudadanos puedan participar directamente y tener voz en la planificación de la política de salud pública [14].

2. El reporte científico del CRIIGEN: frente a una futura campaña de vacunación masiva y global y a la falta de evaluación, rigurosa y científica con respecto a las vacunas contra la COVID-19, está en total desacuerdo y es el principio de precaución el que debería aplicarse, en términos de salud pública. Aquí el reporte.

Abrir las puertas y aceptar el disenso

3. Pedir a los gobiernos de no cerrar la puerta a los estudios y/o soluciones alternativas y no poner toda la esperanza en unas vacunas con una tecnología incierta e imprevisible. Recordar, como lo explica el Dr. C. Vélot, que es gracia a la triterapia como hoy se permite a las personas afectadas por el VIH, de vivir correctamente.

4. La ciencia sin disenso no es ciencia y permite toda deriva autoritaria en donde priman los intereses políticos y económicos. Aceptando la sola versión de los «sabios» de cabecera del gobierno, como si tuvieran la única verdad, anula la ciencia y puede poner en peligro la seguridad sanitaria.

La Covid-19 en su globalidad

5. No se puede seguir disociando las enfermedades crónicas y emergentes de los problemas ambientales. Es más que necesario tomar medidas serias para proteger el medio ambiente y con él, la vida. En el documental «La OMS, en las garras de los lobbistas», los expertos explican que frente a la epidemia del Ébola se hubiera podido evitar sin la necesidad de buscar a todo precio el hacer vacunas, bastaba con mejorar las condiciones de vida (niños mueren de desnutrición) y ambientales de la población (los pozos de petróleo enferman a la población y destruyen las cosechas de los campesinos.)

Derecho de la ciudadanía a decidir

6. La ciudadanía tiene el derecho a una información científica de calidad para que, en conocimiento de causa, pueda decidir a la mejor solución para su salud. La medicina no puede ser un negocio y los medicamentos no pueden ser una imposición que va en contra del código de Nuremberg y la Declaración de Helsinki II, como lo explican varios científicos y abogados.

Sostener a los que lanzan la alerta

7. Porque es gracias a la ética y al coraje de las personas que alertan, como se puede hacer avanzar la ciencia, las leyes y la seguridad sanitaria o alimentaria. Recordemos la cruzada del químico estadounidense Harvey Wiley contra las manipulaciones de la industria alimentaria a finales del siglo XIX, su obstinación dio como resultado la Ley de Alimentos y Medicamentos Puros de 1906. O la del Dr.Henri Pézerat, sobre el asbesto. Ya en 1906, un informe denunciaba su peligrosidad mortal. Silencio de los industriales. En los años 70′ Pézerat forma un equipo de búsqueda y decide hablar sobre la importancia en la prevención de los riesgos de los productos químicos, especialmente en el lugar de trabajo, sin olvidar el impacto, a veces nocivo, sobre el medio ambiente. El asbesto finalmente es retirado.

Es a la ciudadanía de informarse, de comprender que la ciencia, como en la política y en la vida en general, es importante el disenso para avanzar. Que el miedo no nos lleve a un remedio peor que la enfermedad y terminemos frente a un muro. Como dice el artículo en The Guardian [15] sobre la polución ambiental, los médicos concluyen: «la ciudadanía está respirando aire tóxico y con todas las toneladas de evidencia que hemos recopilado ahora los políticos no podrán decir que no lo sabían». Así mismo, los científicos independientes y preocupados por la bioética, advierten sobre las vacunas genéticas sin estudios científicos confiables y sin una fase 3 terminada, para el caso de la Covid-19, así que los gobernantes no digan después que no lo sabían, cuando, quizás, sea demasiado tarde.

Citaciones

[1] Richard Horton. Offline: COVID-19 is not a pandemic. Revista Lancet. Septiembre, 2020

[2] Enfermedades no Transmisibles. ONU. Abril, 2021

[3] Dylan Scott Coronavirus is exposing all of the weaknesses in the US health system. Web Vox. Mar 16, 2020

[4] Pandemias una producción industrial. Lucile Leclair. Ed. du Seil, octubre, 2020

[5] Christophe Ventura. Covid-19 en América Latina: más allá de la crisis sanitaria. Iris. Septiembre, 2020

[6] La fábrica de Pandemias, preservar la biodiversidad, un imperativo para la salud planetaria. Marie-Monique Robin et Serge Morand. Ed. la Découverte. 2021

[7] Retraction—Hydroxychloroquine or chloroquine with or without a macrolide for treatment of COVID-19: a multinational registry analysis. The Lancet. June 05, 2020.

[8] Hervé Morin.» The Lancet » annonce le retrait de son étude sur l’hydroxychloroquine». Le Monde. 4 juin, 2020.

[9] Isabelle Stengers, Réactiver le sens commun. Lecture de Whitehead en temps de débâcle, Paris, La Découverte, 2020.

[10] Bill Weinberg: 9-11 At Nine: The conspiracy industry and the lure of fascim. Anarchista Developments in Cultural Studies. 2011.

[11] Mérôme Jardin. 7 preguntas sobre la cena entre Macron y la industria farmeutica. Edición Transparencia en la política de medicamentos. Mediarpart. 5 de julio, 2019

[12] Stéphane Foucart.»Los científicos denunciantes necesitan protección más que nunca». Le Monde. 2 de febrero, 2019

[13] Christian Vélot. «No hacer un remedio peor que la enfermedad». Francesoir. 27 junio, 2020

[14] Hirokuni Beppu, Masumi Minaguchi, kKiyoshi Uchide, Kunihiko kKumamoto, Masato Sekiguchi,Yukari Yaju. «Lecciones aprendidas en Japón de las reacciones adversas a la vacuna contra el VPH: una perspectiva de ética médica» . Indian Journal of Medical Ethics Vol II No 2 April-June 2017

[15] Damian Carrington. «Revealed: air pollution may be damaging ‘every organ in the body». The Guardian. 17 de mayo del 2019