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La Biblia y las balas: Fe, poder y geopolítica estadounidense en América Latina I

Evangelización, contrainsurgencia y el imperio en América Latina

Introducción a la serie: Fe, poder y geopolítica en América Latina: Este artículo marca el inicio de una serie de al menos tres entregas dedicadas a ofrecer claves históricas y geopolíticas indispensables para interpretar nuestro presente. En el contexto global actual, mirar hacia atrás no es un ejercicio de nostalgia, sino una necesidad urgente: se vuelve fundamental analizar cómo la expansión del evangelismo fundamentalista fue articulada y utilizada como un arma de influencia por parte de los Estados Unidos en la región, una fuerza que sigue moldeando nuestras sociedades.

La lectura que tiene por delante no es breve, y está lejos de ser un simple repaso lineal o una cronología exhaustiva de acontecimientos. Nuestro verdadero propósito es aportar herramientas de análisis y rescatar fragmentos esenciales del pasado para que, al contrastarlos con la realidad, cada lector pueda construir su propia perspectiva sobre la historia reciente de nuestro continente.

En definitiva, es una invitación a comprender por qué América Latina continúa avanzando bajo la larga sombra de la Biblia y las balas; recordándonos que, frente a quienes pretenden imponer el olvido y el sometimiento como destino, la memoria histórica permanece como una de nuestras más poderosas herramientas de resistencia.

  • 1. La arquitectura de la hegemonía: Corporaciones, geopolítica y el control territorial en el siglo XX.
  • 2. El Informe Rockefeller: El giro estratégico de la Amazonía a la contención continental.
  • 3. La contrainsurgencia espiritual: El Comité Santa Fe y el mapa de ruta del terror neoconservador.
  • 4. El laboratorio guatemalteco: El régimen de Ríos Montt, el aval de Reagan y el genocidio ixil.

Contexto histórico: La fe como estrategia de contención

Desde el siglo XIX, América Latina ha ocupado un lugar central en la esfera de influencia de Estados Unidos, una visión heredera de la Doctrina Monroe y reforzada durante la Guerra Fría. En este contexto, la religión adquirió una creciente importancia dentro de las estrategias destinadas a contener los movimientos que cuestionaban el orden político y económico respaldado por Washington.

Como señala el sociólogo filosofo Michael Löwy en Guerra de dioses: religión y política en América Latina, un ejemplo significativo de la articulación entre evangelismo y política durante la Guerra Fría fue la participación de sectores evangélicos estadounidenses en el apoyo a la contrarrevolución nicaragüense. Tras la suspensión de la ayuda oficial del Congreso a los contras, el coronel Oliver North impulsó la movilización de redes evangelistas anticomunistas —con respaldo de la Casa Blanca— para canalizar apoyo privado a las fuerzas contrarrevolucionarias. Entre estos actores se encontraba la Christian Broadcasting Network de Pat Robertson, que promovió la llamada “Operación Bendición”, destinada a financiar dicha iniciativa con varios millones de dólares anuales” [1].

Bajo la sombra del águila: Corporaciones, fe y control territorial en el siglo XX

Históricamente, la expansión occidental ha utilizado la religión como un instrumento de dominación y asimilación cultural. En el caso del siglo XX, el expansionismo estadounidense perfeccionó estos mecanismos a través del neocolonialismo y del desarrollo de formas de poder blando (soft power), en las que misiones religiosas, fundaciones privadas y capital corporativo actuaron de manera articulada en los procesos de influencia cultural y política en América Latina.

La arquitectura de la hegemonía estadounidense

Para comprender la profundidad de este fenómeno, el historiador Kyle Longley, en su obra In the Eagle’s Shadow: The United States and Latin America, presenta una crítica sistemática de la hegemonía estadounidense en el hemisferio occidental, entendiéndola —bajo la definición del politólogo Guy Poitras— como la « preponderancia del poder de un Estado sobre otros » [2].

En este marco, el anticomunismo funcionó como un principio transversal que legitimó intervenciones, derrocamientos encubiertos (como en Guatemala en 1954 o Chile en 1973), apoyos a las dictaduras y políticas de contención en América Latina durante la Guerra Fría. Es precisamente en la intersección entre el imperialismo cultural, la dependencia económica y la contención anticomunista donde la manipulación religiosa adquiere su verdadero sentido geoestratégico.

Corporaciones, geopolítica y evangelización: Rockefeller y la consolidación de la hegemonía estadounidense

Nelson Rockefeller encarnó la simbiosis entre el gran capital y la política exterior de EE. UU. Ocupó cargos clave bajo la administración de Franklin Roosevelt y operó como enlace con la CIA en estrategias de seguridad y guerra psicológica en América Latina. Esta imbricación operacional ilustra con precisión la tesis de Kyle Longley sobre la hegemonía estadounidense, al evidenciar cómo las corporaciones norteamericanas y los mecanismos de dependencia económica desempeñaron un papel central en la proyección de la influencia de Washington en la región.

Lógicamente, el interés de los Rockefeller era estratégicamente económico: la familia mantenía importantes inversiones en sectores clave —incluyendo activos petroleros, tierras agroindustriales y entidades financieras—, lo que termina por confirmar la estrecha articulación entre el poder corporativo y el despliegue diplomático-militar estadounidense [3].

En la investigación Thy Will Be Done: The Conquest of the Amazon, de Gerard Colby y Charlotte Dennett exponen:

La evangelización de la Amazonía se entrelazó con los intereses petroleros de la Standard Oil y la seguridad nacional de EE.UU. El Instituto Lingüístico de Verano (ILV), presentado como organización académica, operaba en realidad como misión evangélica financiada por iglesias fundamentalistas, estrategia que generó controversia en los años setenta al ser acusado de servir a intereses petroleros y erosionar culturas indígenas [4].

En el nombre de Dios, América, la CIA y las masacres de los indígenas en Brasil, como cuentan Colby & Dennett en su libro.

Lejos de constituir un fenómeno aislado, esta experiencia anticipó una reconfiguración más amplia: la instrumentalización de lo religioso como herramienta de política hemisférica.

De la Amazonía a la estrategia continental: El Informe Rockefeller

Como analiza el investigador Roberto Simbaña, en 1969 un informe producido por Nelson Rockefeller no dejaba lugar a dudas sobre los intereses norteamericanos y el rol de la religión en ese afán de hacer realidad la máxima de la doctrina Monroe: « América para los americanos » . Bajo el título Quality of life in the Americas, el documento propició que Washington comenzara a percibir a la Iglesia católica latinoamericana como un actor peligroso y un centro potencial de revolución. El informe plasmó esta preocupación señalando:

Las comunicaciones modernas y el aumento de la educación han provocado una agitación entre el pueblo que ha tenido un impacto tremendo en la Iglesia, convirtiéndola en una fuerza dedicada al cambio, un cambio revolucionario si es necesario. En realidad, la Iglesia puede encontrarse en una situación similar a la de los jóvenes: con un profundo idealismo, pero como resultado, en algunos casos, vulnerable a la penetración subversiva; dispuesta a emprender una revolución si es necesario para acabar con la injusticia (Rockefeller, 1969: 17) [5].

Ante este diagnóstico, Simbaña explica que el informe Rockefeller recomendó contrarrestar la influencia de la llamada « iglesia popular » mediante la promoción y el financiamiento de misiones evangélicas de corte fundamentalista y anticomunista; una estrategia de fragmentación religiosa que pronto contaría con el respaldo político del Congreso estadounidense y la administración de Richard Nixon.

Como señala la historiadora Theresa Keeley, este informe fue interpretado por diversos actores eclesiásticos latinoamericanos como la matriz de los planes de EE. UU. para contener al catolicismo progresista. En esta línea, el arzobispo guatemalteco Próspero Penados vinculó directamente la expansión protestante a los intereses económicos de Washington, mientras que el obispo mexicano Sergio Méndez Arceo advirtió que la evolución de la Iglesia tras Medellín era observada con profunda preocupación desde ciertos sectores de Estados Unidos. Por su parte, la periodista Penny Lernoux destacó que las advertencias del documento sobre una Iglesia « vulnerable a la penetración subversiva » contribuyeron de forma directa a justificar políticas orientadas a contener las corrientes progresistas del catolicismo regional [6].

El caso de los Rockefeller constituye así el ejemplo paradigmático de cómo las estructuras del poder corporativo norteamericano articularon fe, capital y seguridad nacional, sentando las bases operativas de lo que se convertiría en una contraofensiva a escala continental.

La contrainsurgencia espiritual: evangelismo hegemónico y control social

Si la experiencia amazónica mostró que las misiones evangélicas podían acompañar la expansión económica, la Guerra Fría amplió esa lógica hasta convertirla en un dispositivo político continental. Desde la década de 1960, la preocupación de Washington dejó de centrarse exclusivamente en los recursos: el auge de movimientos revolucionarios, sindicatos y comunidades cristianas comprometidas con la justicia social fue percibido como una amenaza geopolítica.

La guerra ideológica contra el cristianismo de liberación

La Revolución Cubana de 1959 consolidó una lectura securitaria de los conflictos sociales: todo proyecto que cuestionara el modelo económico dominante, incluidas las corrientes cristianas críticas al modelo estadounidense, fue interpretado en clave de seguridad nacional.

Paralelamente a la represión física, se desplegó una ofensiva ideológica para desacreditar a la Teología de la Liberación. Como señala la politóloga J. Patrice McSherry (2011), las dictaduras latinoamericanas coordinaron sus campañas represivas mediante la Operación Cóndor, una red transnacional de inteligencia, secuestro, tortura y asesinato que contó con el apoyo encubierto de Washington. La represión física y la ofensiva ideológica formaban parte de una misma estrategia destinada a erradicar tanto a los movimientos revolucionarios como a las corrientes cristianas que cuestionaban las estructuras de poder en América Latina [7].

La “Iglesia de los pobres” como objetivo contrainsurgente

Inspirada en la Conferencia de Medellín (Colombia, 1968) —recepción latinoamericana del Concilio Vaticano II—, la Teología de la Liberación proponía una lectura del Evangelio desde los oprimidos y denunciaba las estructuras de dependencia. Precisamente por articular fe, organización popular y crítica social, fue considerada subversiva para la hegemonía estadounidense, marcando un giro que Enrique Dussel describe como una « década de sangre y esperanza » [8].

Mientras la jerarquía católica conservadora, representada por figuras como el arzobispo Mario Casariego en Guatemala, respaldaba a los regímenes militares, numerosos religiosos que ponían en práctica las enseñanzas de la teología de la liberación —una Iglesia al lado de los pobres y los oprimidos— desarrollaban programas de alfabetización, cooperativas y redes de solidaridad para fortalecer a las comunidades más desfavorecidas. [8]. Como muestra Anelí Villa Avendaño en su estudio sobre el Centro de Investigación y Acción Social (CIAS, 1973), estos actores desempeñaron un papel central en el movimiento social, razón por la cual esta « Iglesia de los Pobres » se convirtió en un objetivo prioritario de la contrainsurgencia [9].

La represión fue sistemática y, mientras la Iglesia progresista sufría los embates de la dictadura, las congregaciones evangélicas y pentecostales emergían de las ruinas, confirmando la paradoja señalada por el historiador R. Andrew Chesnut: « La Iglesia eligió a los pobres, pero los pobres eligieron a los pentecostales » [10]. Detrás de este éxodo operó un sofisticado diseño de ingeniería política y psicológica: la sustitución de la fe comunitaria y combativa por un credo individualista y sumiso respondía a una estrategia continental planificada desde Washington.

Esta matriz de opinión geopolítica continuó profundizándose durante la década de 1970 en los laboratorios de estrategia de Washington. Diversos informes interagenciales y de inteligencia sistematizaron la sospecha hacia la opción por los pobres, catalogando a la Teología de la Liberación como un actor no confiable para los intereses norteamericanos.

Lejos de abandonar la línea trazada en 1969, los asesores de seguridad nacional siguieron recomendando la promoción de misiones evangélicas alternativas como el método más eficaz para contrarrestar la cohesión social y comunitaria del catolicismo popular latinoamericano. Este proceso de maduración doctrinal e ideológica sentaría las bases conceptuales para los intelectuales del Comité de Santa Fe, quienes terminarían por institucionalizar esta ofensiva de seguridad al arrancar la década de 1980.

El comité Santa Fe: El mapa de ruta del terror neoconservador

La ofensiva contrainsurgente de los años ochenta llevó la agresión ideológica y militar a una dimensión diseñada en los laboratorios neoconservadores de Washington. Su sustento teórico quedó plasmado en el documento de 1980 A New Inter-American Policy for the Eighties » (Santa Fe I) —publicado por el Council for Inter-American Security (CIS) y elaborado por L. Francis Bouchey, Roger W. Fontaine, David C. Jordan, Gordon Sumner y Lewis Tambs [11]—.

El informe reformuló la Doctrina Monroe y el Destino Manifiesto para extirpar la organización popular en Latinoamérica mediante tres ejes: revitalizar el TIAR y la OEA bajo intereses norteamericanos, confrontar el « expansionismo soviético » en Centroamérica y respaldar incondicionalmente a los regímenes militares junto al financiamiento a la « contra » en Nicaragua.

En este tablero, la Teología de la Liberación dejó de ser vista como una corriente religiosa para ser catalogada como un vector de agresión que usaba a la Iglesia contra el libre mercado; directrices que el grupo actualizaría en 1988 con el documento Santa Fe II. Con la presidencia de Ronald Reagan, estas recomendaciones se convirtieron en política oficial del Estado (Doctrina Reagan) para revertir la influencia soviética en el Tercer Mundo. Al percibir a Centroamérica como un territorio de victoria fácil, los asesores de Reagan la convirtieron en el escenario ideal para demostrar el renovado poder global de los Estados Unidos.

La Doctrina Weinberger y la subcontratación de la guerra encubierta

Esta ambición por endurecer la presencia en el istmo —obsesionada con derrocar la Revolución Sandinista en Nicaragua— chocó con las contradicciones de la maquinaria militar norteamericana, que aún intentaba digerir el trauma de Vietnam. En noviembre de 1984, el secretario de Defensa, Caspar Weinberger, formuló la Doctrina Weinberger, la cual establecía seis condiciones estrictas antes de comprometer tropas estadounidenses en el extranjero [12]. Mientras los halcones civiles del Comité de Santa Fe presionaban por una intervención armada directa, el temor del Pentágono a empantanarse obligó a la Casa Blanca a perfeccionar las tácticas de la guerra encubierta.

Si el envío de tropas directas representaba un riesgo político inadmisible, la solución consistió en subcontratar la violencia: delegar el terror en ejércitos locales, financiar fuerzas paramilitares clandestinas y, de manera primordial, privatizar el control social mediante el adoctrinamiento masivo de misiones evangélicas norteamericanas. De este modo, Guatemala se erigió silenciosamente como el laboratorio perfecto de la contrainsurgencia espiritual: el laboratorio de « la Biblia y la bala ».

Guatemala: el laboratorio de la Biblia y las balas

« América Latina es una región católica, pero no hay razón para asumir que siempre deba serlo. En algún momento podría convertirse en una región evangélica. Creo que si Guatemala llega a convertirse en la primera nación predominantemente evangélica de América Latina, ello producirá un efecto dominó  »
— Planificador de crecimiento eclesial, Overseas Crusades Ministries, 1984, citado en David Stoll [13]

La cita del planificador de Overseas Crusades, recogida por David Stoll, revela una visión estratégica de la evangelización como herramienta de expansión geopolítica en el contexto de la Guerra Fría.

En Guatemala, este proceso alcanzó su punto más crítico bajo el general Efraín Ríos Montt (1982-1983), donde se produjo una convergencia entre guerra ideológica, represión física y disputa religiosa que, como documenta Garrard-Burnett, Terror in the Land of the Holy Spirit, la ofensiva alcanzó niveles tan extremos que los obispos guatemaltecos denunciaron en 1982 que los asesinatos de campesinos « pertenecen ya a la categoría de genocidio » [14].

« Fernando Romeo Lucas García y Efraín Ríos Montt consideraban que los indígenas eran un grupo ignorante, manipulable y que, por lo tanto, sería fácil que se adhirieran a la guerrilla que estaba en crecimiento. Como resultado, tomaron la violenta y drástica decisión de iniciar un exterminio masivo de indígenas: atacaron a la población bajo una política de destrucción sistemática que desembocó en un genocidio. »[15]

Cuando el ejército colocó a Ríos Montt en el poder en 1982, el terreno ya estaba abonado tras más de una década de penetración de misiones estadounidenses y persecución de catequistas católicos. Él fue el brazo ejecutor ideal de un plan diseñado por Washington desde los años 60 y 70 para extirpar la raíz social de la fe en el continente.

En buen cristiano: la influencia imperialista evangélica y el régimen de Ríos Montt

El dictador guatemalteco operó como el aliado perfecto de los intereses estadounidenses, uniendo el adiestramiento militar de contrainsurgencia con el fanatismo religioso de exportación norteamericana.

  • Formación contrainsurgente: Antes de presentarse con la Biblia en la mano, Ríos Montt recibió una rigurosa formación contrainsurgente en Fort Gulick (sede de la Escuela de las Américas) y en Fort Bragg (Carolina del Norte), el corazón de las fuerzas especiales del ejército estadounidense [16].
  • El Cristiano Renacido »: En 1979, Ríos Montt se unió a la Iglesia Verbo, filial directa de la organización evangélica estadounidense Gospel Outreach [17]. Su transición de militar a líder espiritual fue meteórica; en marzo de 1982, un grupo de soldados irrumpió en su escuela cristiana para pedirle que liderara el golpe militar que lo llevaría al poder.

El dictador convirtió sus apariciones televisivas y radiales semanales, los Discursos del Domingo, en un perverso ejercicio de manipulación masiva. Aparecía con su traje militar verde dictando discursos moralistas con la Biblia como garantía, mientras las fuerzas armadas violaban sistemáticamente los derechos humanos.

Su filosofía quedó inmortalizada en su célebre consigna: « Un cristiano debería llevar su Biblia y su ametralladora ». Al convertirse en el primer presidente evangélico de América Latina, desató un profundo triunfalismo dentro de las iglesias corporativas norteamericanas, que vieron en su dictadura una victoria espiritual sobre el comunismo.

Fuente: ElDiario.es

El aval de Ronald Reagan: frijoles y armas

Esta estrategia de exterminio contó con el respaldo político y material de la Casa Blanca. El presidente Ronald Reagan apoyó públicamente al dictador y legitimó la creación de las Patrullas de Autodefensa Civil (PAC) bajo la cínica premisa de dotar al campesinado de «frijoles y fusiles» (beans and bullets) , catalogando a la población maya como un “enemigo interno” para justificar el arrasamiento de sus comunidades.

Como reporta el análisis de la época de la revista Estudios Centroamericanos (ECA), la oferta de estos « frijoles y fusiles Made in USA » [18] no solo buscaba la legitimación internacional del régimen guatemalteco, sino coordinar los planes norteamericanos para consolidar el « triángulo norte » y así aislar la revolución en Nicaragua e intervenir militarmente en El Salvador.

Como complementa el antropólogo David Stoll en Entre dos fuegos, el propósito de estas PAC en el terreno fue forzar a la población masculina a encuadrarse bajo amenaza de muerte, condicionando la entrega de armas a la complicidad de sangre para garantizar su lealtad forzada.

En ese escenario de sometimiento y reasentamiento en « aldeas modelo », el cese de las masacres indiscriminadas del régimen anterior en zonas como Nebaj permitió que los sermones dominicales del dictador fueran interpretados como un diseño divino, provocando una conversión masiva al evangelismo que la Iglesia católica —perseguida y clandestina— catalogó como una drástica estrategia de supervivencia [19].

Stoll explica que el fin último de este sistema no era meramente militar, sino la neutralización de la lucha ixil: al obligar a la propia comunidad a convertirse en su propio vigilante, delator y ejecutor, el ejército logró fracturar la cohesión social desde dentro, consolidando el control sobre la población sobreviviente incluso mucho después de que los fusiles callaran.

« Bum rap » : El « buen cristiano » de Reagan y el aval al genocidio ixil

Tras reunirse con el dictador en diciembre de 1982, Reagan aseguró públicamente que Ríos Montt estaba recibiendo una acusación falsa (bum rap) en EE. UU., afirmando que el general estaba totalmente comprometido con la democracia.

Mientras el Congreso estadounidense intentaba bloquear el financiamiento militar por las flagrantes violaciones a los derechos humanos, la administración Reagan burló las restricciones presionando a organismos de crédito internacionales y coordinando con misiones evangélicas norteamericanas —como International Love Lift— el envío de millones de dólares en supuesta ayuda humanitaria. Este flujo de recursos no fue más que un mecanismo encubierto para sostener las aldeas modelo donde el ejército confinaba a los sobrevivientes del exterminio maya-ixil [20].

El registro de la memoria: El buen cristiano de Izabel Acevedo

Esta convergencia entre fundamentalismo religioso y violencia de Estado es abordada en el documental El buen cristiano (2016), de la cineasta Izabel Acevedo, que reconstruye el proceso judicial contra Efraín Ríos Montt y las voces de las víctimas en los tribunales de justicia [21].

A partir de la observación del material, puede interpretarse una tensión entre discursos religiosos y la legitimación de la violencia, visible en la presencia de actores vinculados a la defensa del exdictador en espacios de culto evangélico, donde se invoca a Dios en paralelo a la negación o minimización de las acusaciones de genocidio. El documental, en este sentido, permite abrir una lectura sobre la disputa por la memoria histórica y la legitimidad del relato sobre la violencia estatal en Guatemala.

De este modo, el caso guatemalteco consolidó en el continente un modelo de “contrainsurgencia espiritual”. Al revestir la represión militar de un lenguaje moral y mesiánico, esta estrategia no solo apuntó a la eliminación física de la disidencia, sino también al debilitamiento ideológico de la Teología de la Liberación. En este proceso, el Evangelio fue progresivamente reinterpretado y despojado de su dimensión de justicia social y organización popular, favoreciendo la legitimación de un orden político profundamente jerarquizado.

A través de esta lógica, este histórico mecanismo de control espiritual se sofisticó como una herramienta de soft power religioso estadounidense. Al intervenir los imaginarios colectivos y los valores sociales, Washington y las dictaduras locales lograron articular una hegemonía político-cultural donde el control de las almas garantiza, en última instancia, la estabilidad del capital.

Referencias

[1] Guerra de dioses: Religión y política en América Latina. Löwy, Michael. Siglo XXI Editores, 1999.

[2] Longley, Kyle. In the Eagle’s Shadow: The United States and Latin America.. Wheeling, Ill.:
Harlan Davidson, 2009, 2nd ed

[3] Amazon Crude : THY WILL BE AKE: The Conquest of the Amazon: Nelson Rockefeller and Evangelism in the Age of Oil. Frank Stewart. Los Angeles Times. 14 de mayo de 1995. https://www.latimes.com/archives/la-xpm-1995-05-14-bk-273-story.html

[4] Thy Will Be Done: The Conquest Of The Amazon: Nelson Rockefeller And Evangelism In The Age Of Oil. Colby, Gerard with Dennett, Charlotte. HarperCollins. 1995

[5] Religión y Política: Protestantismo en América Latina.Simbaña, Roberto. – 1a ed.- Quito,
Ecuador Religación Siglo XXI Ediciones, 2015

[6] Medellín Is “Fantastic”: Drafts of the 1969 Rockefeller Report on the Catholic Church. Theresa Keeley https://theresakeeley.com/wp-content/uploads/2020/05/CHR_Autumn2015_Keeley.pdf

[7] State violence and genocide in Latin America: The Cold War. En M. Esparza, H. R. Huttenbach & D. Feierstein (Eds.), McSherry, J. P. State violence and genocide in Latin America: The Cold War years (pp. 107-124). Routledge, 2011

[8] De Medellín a Puebla. Una década de sangre y esperanza (1968–1979). Enrique Dussel. México: Editorial Edicol, 1979, 617 pp.

[9] ] Semillas de esperanza: participación de los jesuitas del CIAS en la guerra interna de Guatemala. Anelí Villa Avendaño. https://iberoforum.ibero.mx/index.php/iberoforum/article/download/175/636?inline=1 Agosto, 4, 2022.

[10] Chesnut, R. A. (1997). Born again in Brazil: The Pentecostal boom and the pathogens of poverty. Rutgers University Press.

[11] The Reason the Reagan Administration Overthrew the Sandinista Government. Kevin Santos Flores. The Center for International Studies of Ohio University. 2010

[12] National Power and Military Force: The Origins of the Weinberger Doctrine, 1980-1984. Gail E. S. Yoshitani. Department of History Duke University. 2008

[13] Is Latin America Turning Protestant? The Politics of Evangelical Growth. Berkeley. Stoll, David.. University of California Press, 1990, Prefacio.

[14] Terror in the land of the Holy Spirit: Guatemala under General Efraín Ríos Montt, 1982-1983. Garrard-Burnett, Virginia. Oxford, England; New York: Oxford Univ. Press, 2010. 269 p.: bibl., index.

[15] El Genocidio 1981-1983 https://www.myt.org.mx/memoria_url/guatemala-genocidio-1981-1983

[16] Efraín Ríos Montt, el general adicto a la Biblia y la ametralladora https://www.eldiario.es/internacional/theguardian/efrain-rios-montt-biblia-ametralladora_1_2191440.html

[17] Efraín Ríos Montt: régimen de Biblia y metralleta. Harold Segura. www.lupaprotestante.com/efrain-rios-montt-regimen-de-biblia-y-metralleta. Mayo 5 2013

[18] Guatemala: « Frijoles y fusiles » Made in USA. ECA: Estudios Centroamericanos (número de edición correspondiente al volumen de principios de 1983). Digitalizado por Biblioteca « P. Florentino Idoate, S.J. », Universidad Centroamericana José Simeón Cañas.

[19] Entre dos fuegos. En los pueblos ixiles de Guatemala. David Stoll. Ediciones
Abya-Yala 1999

[20] Ronald Reagan’s genocidal secret: A true story of right-wing impunity in Guatemala. Miles Culpepper. https://www.salon.com/2015/03/24/ronald_reagans_genocidal_secret_a_true_story_of_right_wing_impunity_in_guatemala/

[21] El buen cristiano [Película documental]. Dirección: Izabel Acevedo. México: Centro de Capacitación Cinematográfica (CCC); 2016. 108 min.