Desde el siglo XIX, América Latina ha ocupado un lugar central en la esfera de influencia de Estados Unidos, una visión heredera de la Doctrina Monroe y reforzada durante la Guerra Fría. En este contexto, la religión adquirió una creciente importancia dentro de las estrategias destinadas a contener los movimientos que cuestionaban el orden político y económico respaldado por Washington.
Como señala el antropólogo David Stoll en su libro, ¿Se está volviendo protestante América Latina? La política del crecimiento evangélico: « El avance de las misiones evangélicas norteamericanas en zonas de conflicto no fue un hecho fortuito, sino un elemento clave en las dinámicas sociales y políticas de la Guerra Fría en América Latina » [1].
Bajo la sombra del águila: Corporaciones, fe y control territorial en el siglo XX
Históricamente, la expansión occidental ha utilizado la religión como un instrumento de dominación y asimilación cultural. Así como la cruz acompañó a la espada en el colonialismo clásico, el expansionismo de Estados Unidos en el siglo XX perfeccionó estos mecanismos. A través del neocolonialismo, Washington desplegó un sofisticado poder blando (soft power) donde las misiones religiosas, las fundaciones privadas y el capital corporativo funcionaron como herramientas de influencia cultural y política, facilitando la penetración económica en América Latina..
La arquitectura de la hegemonía estadounidense
Para comprender este fenómeno, el historiador Kyle Longley, en su obra In the Eagle’s Shadow: The United States and Latin America, presenta una crítica sistemática de la hegemonía estadounidense en el hemisferio occidental, entendiéndola —bajo la definición de Guy Poitras— como la preponderancia del poder de un Estado sobre otros [2]. Según Longley, esta arquitectura de dominio se ha consolidado mediante cinco engranajes entrelazados
- La fuerza militar y las acciones encubiertas.
- La manipulación diplomática y las sanciones económicas.
- La creación deliberada de dependencia económica a través de corporaciones y organismos crediticios.
- El control y la instrumentalización de organizaciones regionales (como la OEA).
- El imperialismo cultural, encargado de imponer el American way of life y sus valores como el único modelo universal válido.
Aunque el anticomunismo no aparece en su esquema como una categoría aislada, Longley demuestra que subyace en toda esta estructura: fue el argumento predilecto para justificar derrocamientos encubiertos (como en Guatemala en 1954 o Chile en 1973), apuntalar dictaduras bajo la Doctrina de Seguridad Nacional y criminalizar cualquier desviación del modelo capitalista. Es precisamente en la intersección entre el imperialismo cultural, la dependencia económica y la contención anticomunista donde la manipulación religiosa cobra su verdadero sentido geoestratégico.
Corporaciones, geopolítica y evangelización: Rockefeller y la consolidación de la hegemonía estadounidense
En este engranaje, las corporaciones y la dependencia económica —el punto tres señalado por Longley— jugaron un papel definitivo. Nelson Rockefeller encarnó la alianza entre el gran capital y la política imperial. Durante la administración de Franklin Roosevelt operó como coordinador de Asuntos Interamericanos y, bajo el gobierno de Dwight Eisenhower, se convirtió en el enlace directo con la CIA como asistente especial para la estrategia de la Guerra Fría y la guerra psicológica.
Esta actividad gubernamental protegía de forma directa el multimillonario patrimonio de su familia en la región, que incluía activos petroleros, un inmenso rancho de 1.030.000 acres en Brasil, plantas agroindustriales y bancos. Debido a su enorme influencia, continuó operando como el principal asesor latinoamericano para los presidentes Richard Nixon y Gerald Ford [3].
En la investigación Thy Will Be Done: The Conquest of the Amazon, de Gerard Colby y Charlotte Dennett, se expone [4]
La evangelización de la cuenca amazónica se entrelazó de manera indisoluble con la expansión de los intereses petroleros de la Standard Oil y con las directrices de seguridad nacional de los Estados Unidos. Asimismo, documentan que el Instituto Lingüístico de Verano (ILV) operó durante décadas bajo un doble velo: presentado ante los gobiernos latinoamericanos como una organización lingüística y académica, funcionaba en la práctica como una misión evangélica protestante financiada por iglesias fundamentalistas. Esta estrategia, iniciada por su fundador, William Cameron Townsend, en la década de 1930 para sortear las leyes anticlericales mexicanas, generó una intensa controversia en los años setenta, cuando el ILV fue acusado de servir a intereses petroleros estadounidenses y de erosionar las culturas indígenas.
En el nombre de Dios, América, la CIA y las masacres de los indígenas en Brasil, como cuentan Colby & Dennett en su libro.
Lejos de constituir un fenómeno aislado, esta experiencia anticipó una reconfiguración más amplia: la instrumentalización de lo religioso como herramienta de política hemisférica.
De la Amazonía a la estrategia continental: El Informe Rockefeller
Esta estrecha relación entre la familia Rockefeller y las misiones evangélicas de la Amazonía no tardó en traducirse en una doctrina de seguridad nacional de alcance continental. En 1969, tras una gira por América Latina encargada por el presidente Richard Nixon, Nelson Rockefeller presentó el célebre Informe Rockefeller sobre las Américas. El documento advertía que sectores de la Iglesia católica latinoamericana habían dejado de ser aliados automáticos de los intereses estadounidenses debido al auge de corrientes reformistas y a la creciente influencia de la conferencia episcopal de Medellín de 1968, donde numerosos obispos denunciaron las estructuras de dominación económica y la llamada « violencia institucionalizada ».
Como explica la historiadora Theresa Keeley, diversos líderes católicos interpretaron posteriormente el informe como una señal de alarma para Washington
El arzobispo guatemalteco Próspero Penados del Barrio sostuvo que la expansión del protestantismo en América Latina formaba parte de una estrategia política y económica vinculada a los intereses estadounidenses. De manera similar, el obispo mexicano Sergio Méndez Arceo afirmó que los analistas estadounidenses observaban con preocupación el rumbo adoptado por la Iglesia tras Medellín. La periodista Penny Lernoux llegó a sostener que las advertencias del informe sobre una Iglesia « vulnerable a la penetración subversiva« contribuyeron a justificar políticas destinadas a contener las corrientes progresistas dentro del catolicismo latinoamericano [5].
El caso de los Rockefeller constituye así un ejemplo paradigmático de cómo sectores del poder estadounidense articularon fe, capital y estrategia geopolítica para disputar la influencia ideológica en América Latina durante la Guerra Fría.

La contrainsurgencia espiritual: evangelismo hegemónico y control social
Si la experiencia amazónica mostró que las misiones evangélicas podían acompañar la expansión económica, la Guerra Fría amplió esa lógica hasta convertirla en un dispositivo político continental. Desde la década de 1960, la preocupación de Washington dejó de centrarse exclusivamente en los recursos: el auge de movimientos revolucionarios, sindicatos y comunidades cristianas comprometidas con la justicia social fue percibido como una amenaza geopolítica.
La guerra ideológica contra el cristianismo de liberación
La Revolución Cubana de 1959 consolidó una lectura securitaria de los conflictos sociales: todo proyecto que cuestionara el modelo económico dominante fue interpretado en clave de seguridad nacional. En ese marco, la religión adquirió una función estratégica orientada a contener las ideas del marxismo y neutralizar las corrientes cristianas críticas.
Paralelamente a la represión física, se desplegó una ofensiva ideológica para desacreditar a la Teología de la Liberación. Como señala la politóloga J. Patrice McSherry (2011)
Como señala la politóloga J. Patrice McSherry (2011), las dictaduras latinoamericanas coordinaron sus campañas represivas mediante la Operación Cóndor, una red transnacional de inteligencia, secuestro, tortura y asesinato que contó con el apoyo encubierto de Washington. La represión física y la ofensiva ideológica formaban parte de una misma estrategia destinada a erradicar tanto a los movimientos revolucionarios como a las corrientes cristianas que cuestionaban las estructuras de poder en América Latina.[6].
Medellín y el surgimiento de la teología de la Liberación
Inspirada en la Conferencia de Medellín (Colombia, 1968) —recepción latinoamericana del Concilio Vaticano II—, la Teología de la Liberación proponía una lectura del Evangelio desde la experiencia de los pobres y denunciaba las estructuras de dependencia. Precisamente por articular fe, organización popular y crítica social, fue considerada subversiva para la hegemonía estadounidense. Medellín marcó un giro decisivo al vincular la misión pastoral con la liberación de los sectores oprimidos; esta trayectoria entre Medellín y Puebla es lo que Enrique Dussel describe como una « década de sangre y esperanza » [7].
La “Iglesia de los pobres” como objetivo contrainsurgente
Mientras la jerarquía católica conservadora latinoamericana, como en el caso de Guatemala con el arzobispo Mario Casariego, respaldaba a los regímenes militares, numerosos religiosos —especialmente jesuitas y misioneros extranjeros inspirados por la teología de la liberación, que se consolidó en América Latina a partir del impulso del Concilio de Medellín— desarrollaban la solidaridad entre las comunidades, así como programas de alfabetización y cooperativas. Como muestra Anelí Villa Avendaño en su estudio sobre el Centro de Investigación y Acción Social (CIAS, 1973), estos actores desempeñaron un papel central en el movimiento social; por ello, esta “Iglesia de los Pobres” se convirtió en un objetivo prioritario de la contrainsurgencia. [8].
La represión fue tan sistemática y, mientras la Iglesia progresista se desmoronaba bajo los golpes de la dictadura, las congregaciones evangélicas y pentecostales emergían de las ruinas, confirmando la paradoja señalada por el historiador R. Andrew Chesnut: “La Iglesia eligió a los pobres, pero los pobres eligieron a los pentecostales”[9].
Detrás de este éxodo operó un sofisticado diseño de ingeniería política y psicológica. La sustitución de la fe comunitaria y combativa por un credo individualista y sumiso respondía a una estrategia continental planificada en Washington.
El comité Santa Fe: El mapa de ruta del terror neoconservador
La ofensiva contrainsurgente de los años ochenta llevó la agresión ideológica y militar a una dimensión mucho más agresiva, diseñada en los laboratorios neoconservadores de Washington.
De la contención religiosa a la subcontratación de la guerra encubierta
El sustento teórico de esta agresión quedó plasmado en el documento de 1980 titulado « A New Inter-American Policy for the Eighties » —conocido como Santa Fe I—, publicado bajo los auspicios del Council for Inter-American Security (CIS) y elaborado por estrategas como L. Francis Bouchey, Roger W. Fontaine, David C. Jordan, Gordon Sumner y Lewis Tambs [10]. El documento representó una agresiva reproclamación de la Doctrina Monroe y del Destino Manifiesto mediante propuestas clave:
El documento representó una agresiva reproclamación de la Doctrina Monroe y del Destino Manifiesto, adaptada para contener y extirpar cualquier avance de la organización popular en Latinoamérica mediante propuestas clave:
- Revitalizar el Tratado de Río (TIAR) y la OEA para alinearlos con los intereses norteamericanos.
- Abogar por una confrontación directa con lo que definían como « expansionismo soviético » en Centroamérica.
- Respaldar incondicionalmente a los regímenes militares de la región y financiar abiertamente a la « contra » en Nicaragua.
En este tablero, la Teología de la Liberación ya no era vista como una corriente religiosa, sino como un vector de agresión que utilizaba la iglesia como un arma política contra el capitalismo de libre empresa. Décadas más tarde, en 1988, el grupo actualizaría estas directrices en el documento Santa Fe II.
Con la llegada de Ronald Reagan a la presidencia, estas recomendaciones se convirtieron en la política oficial del Estado (Doctrina Reagan), cuyo objetivo central era revertir la influencia soviética en el Tercer Mundo. Al percibir el territorio centroamericano como un tablero donde obtendrían una victoria fácil, los asesores de Reagan convirtieron la región en el escenario ideal para demostrar el renovado poder global de los Estados Unidos.
La doctrina Weinberger y el laboratorio de Guatemala
Esta ambición por endurecer la presencia en el istmo —obsesionada con derrocar la Revolución Sandinista en Nicaragua— chocó con las contradicciones de la maquinaria militar norteamericana, que aún intentaba digerir el trauma de Vietnam. En noviembre de 1984, el secretario de Defensa, Caspar Weinberger, formuló la Doctrina Weinberger, la cual establecía seis condiciones estrictas antes de comprometer tropas estadounidenses en el extranjero [11]. Mientras los halcones civiles del Comité de Santa Fe presionaban por una intervención armada directa, el temor del Pentágono a empantanarse obligó a la Casa Blanca a perfeccionar las tácticas de la guerra encubierta.
Si el envío de tropas directas representaba un riesgo político inadmisible, la solución consistió en subcontratar la violencia: delegar el terror en ejércitos locales, financiar fuerzas paramilitares clandestinas y, de manera primordial, privatizar el control social mediante el adoctrinamiento masivo de misiones evangélicas norteamericanas. De este modo, Guatemala se erigió silenciosamente como el laboratorio perfecto de la contrainsurgencia espiritual: el laboratorio de « la Biblia y la metralleta ».
Guatemala: el laboratorio de la Biblia y la metralleta
América Latina es una región católica, pero no hay razón para asumir que siempre deba serlo. En algún momento podría convertirse en una región evangélica. Creo que si Guatemala llega a convertirse en la primera nación predominantemente evangélica de América Latina, ello producirá un efecto dominó.— Planificador de crecimiento eclesial, Overseas Crusades Ministries, 1984 [12]
Ningún caso ilustra mejor la convergencia entre guerra ideológica, represión física y disputa religiosa que Guatemala bajo el general Efraín Ríos Montt (1982-1983). Como documenta la historiadora Virginia Garrard-Burnett en Terror in the Land of the Holy Spirit, la ofensiva alcanzó niveles tan extremos que los obispos guatemaltecos denunciaron en 1982 que los asesinatos de campesinos « pertenecen ya a la categoría de genocidio » [13].
El genocidio (1981-1983)
« Fernando Romeo Lucas García y Efraín Ríos Montt consideraban que los indígenas eran un grupo ignorante, manipulable y que, por lo tanto, sería fácil que se adhirieran a la guerrilla que estaba en crecimiento. Como resultado, tomaron la violenta y drástica decisión de iniciar un exterminio masivo de indígenas: atacaron a la población bajo una política de destrucción sistemática que desembocó en un genocidio. »[14]
Cuando el ejército colocó a Ríos Montt en el poder en 1982, el terreno ya estaba abonado tras más de una década de penetración de misiones estadounidenses y persecución de catequistas católicos. Él fue el brazo ejecutor ideal de un plan diseñado por Washington desde los años 60 y 70 para extirpar la raíz social de la fe en el continente.
En buen cristiano: la influencia imperialista evangélica y el régimen de Ríos Montt
El dictador guatemalteco operó como el aliado perfecto de los intereses estadounidenses, uniendo el adiestramiento militar de contrainsurgencia con el fanatismo religioso de exportación norteamericana.
- Formación contrainsurgente: Antes de presentarse con la Biblia en la mano, Ríos Montt recibió una rigurosa formación contrainsurgente en Fort Gulick (sede de la Escuela de las Américas) y en Fort Bragg (Carolina del Norte), el corazón de las fuerzas especiales del ejército estadounidense [15].
- El Cristiano Renacido »: En 1979, Ríos Montt se unió a la Iglesia Verbo, filial directa de la organización evangélica estadounidense Gospel Outreach [14]. Su transición de militar a líder espiritual fue meteórica; en marzo de 1982, un grupo de soldados irrumpió en su escuela cristiana para pedirle que liderara el golpe militar que lo llevaría al poder [16].
El dictador convirtió sus apariciones televisivas semanales, los Discursos del Domingo, en un perverso ejercicio de manipulación masiva. Aparecía con su traje militar verde dictando discursos moralistas con la Biblia como garantía, mientras las fuerzas armadas violaban sistemáticamente los derechos humanos. Su filosofía quedó inmortalizada en su célebre consigna: « Un cristiano debería llevar su Biblia y su ametralladora ».
Al convertirse en el primer presidente evangélico de América Latina, desató un profundo triunfalismo dentro de las iglesias corporativas norteamericanas, que vieron en su dictadura una victoria espiritual sobre el comunismo.
El aval de Ronald Reagan
Esta estrategia de exterminio contó con el respaldo político y material de la Casa Blanca. El presidente Ronald Reagan apoyó públicamente al dictador y legitimó la creación de las Patrullas de Autodefensa Civil (PAC) —fuerzas paramilitares integradas en la estrategia de tierra arrasada— bajo la cínica premisa de dotar al campesinado de «frijoles y armas» (frijoles y balas / beans and bullets) [17]. Bajo esta doctrina, la población maya comenzó a ser catalogada como un “enemigo interno” del Estado, lo que justificó el envío del Ejército para arrasar con comunidades enteras bajo la sospecha de albergar simpatizantes de la guerrilla.

Tras reunirse con el dictador en diciembre de 1982, Reagan aseguró públicamente que Ríos Montt estaba recibiendo una acusación falsa (bum rap) en EE. UU., afirmando que el general estaba totalmente comprometido con la democracia.


Mientras el Congreso estadounidense intentaba bloquear el financiamiento militar por las flagrantes violaciones a los derechos humanos, la administración Reagan burló las restricciones presionando a organismos de crédito internacionales y coordinando con misiones evangélicas norteamericanas —como International Love Lift— el envío de millones de dólares en supuesta ayuda humanitaria. Este flujo de recursos no fue más que un mecanismo encubierto para sostener las aldeas modelo donde el ejército confinaba a los sobrevivientes del exterminio maya-ixil [18].
El registro de la memoria: El buen cristiano de Izabel Acevedo
Esta convergencia entre fundamentalismo religioso y violencia de Estado es abordada en el documental El buen cristiano (2016), de la cineasta Izabel Acevedo, que reconstruye el proceso judicial contra Efraín Ríos Montt y las voces de las víctimas en los tribunales de justicia.
A partir de la observación del material, puede interpretarse una tensión entre discursos religiosos y la legitimación de la violencia, visible en la presencia de actores vinculados a la defensa del exdictador en espacios de culto evangélico, donde se invoca a Dios en paralelo a la negación o minimización de las acusaciones de genocidio. El documental, en este sentido, permite abrir una lectura sobre la disputa por la memoria histórica y la legitimidad del relato sobre la violencia estatal en Guatemala.

De este modo, el caso guatemalteco consolidó en el continente un modelo de “contrainsurgencia espiritual”. Al revestir la represión militar de un lenguaje moral y mesiánico, esta estrategia no solo apuntó a la eliminación física de la disidencia, sino también al debilitamiento ideológico de la Teología de la Liberación. En este proceso, el Evangelio fue progresivamente reinterpretado y despojado de su dimensión de justicia social y organización popular, favoreciendo la legitimación de un orden político profundamente jerarquizado.
En este sentido, la religión pasó a integrarse de manera creciente en las dinámicas del denominado soft power, entendido como una forma de influencia que incide en imaginarios colectivos, valores e instituciones, contribuyendo a la configuración de hegemonías políticas y culturales.
Reference
[1] Is Latin America Turning Protestant?: The Politics of Evangelical Growth.David Stoll University California Press, Berkeley, Los ANgeles Oxford.1990
[2] Longley, Kyle. In the Eagle’s Shadow: The United States and Latin America.. Wheeling, Ill.:
Harlan Davidson, 2009, 2nd ed
[3] Amazon Crude : THY WILL BE AKE: The Conquest of the Amazon: Nelson Rockefeller and Evangelism in the Age of Oil. Frank Stewart. Los Angeles Times. 14 de mayo de 1995. https://www.latimes.com/archives/la-xpm-1995-05-14-bk-273-story.html
[4] Thy Will Be Done: The Conquest Of The Amazon: Nelson Rockefeller And Evangelism In The Age Of Oil. Colby, Gerard with Dennett, Charlotte. HarperCollins. 1995
[5] Medellín Is “Fantastic”: Drafts of the 1969 Rockefeller Report on the Catholic Church. Theresa Keeley https://theresakeeley.com/wp-content/uploads/2020/05/CHR_Autumn2015_Keeley.pdf
[6] State violence and genocide in Latin America: The Cold War. En M. Esparza, H. R. Huttenbach & D. Feierstein (Eds.), McSherry, J. P. State violence and genocide in Latin America: The Cold War years (pp. 107-124). Routledge, 2011
[7] De Medellín a Puebla. Una década de sangre y esperanza (1968–1979). Enrique Dussel. México: Editorial Edicol, 1979, 617 pp.
[8] ] Semillas de esperanza: participación de los jesuitas del CIAS en la guerra interna de Guatemala. Anelí Villa Avendaño. https://iberoforum.ibero.mx/index.php/iberoforum/article/download/175/636?inline=1 Agosto, 4, 2022.
[9] Chesnut, R. A. (1997). Born again in Brazil: The Pentecostal boom and the pathogens of poverty. Rutgers University Press.
[10] The Reason the Reagan Administration Overthrew the Sandinista Government. Kevin Santos Flores. The Center for International Studies of Ohio University. 2010
[11] National Power and Military Force: The Origins of the Weinberger Doctrine, 1980-1984. Gail E. S. Yoshitani. Department of History Duke University. 2008
[12] Is Latin America Turning Protestant? The Politics of Evangelical Growth. Berkeley. Stoll, David.. University of California Press, 1990, Prefacio.
[13] Terror in the land of the Holy Spirit: Guatemala under General Efraín Ríos Montt, 1982-1983. Garrard-Burnett, Virginia. Oxford, England; New York: Oxford Univ. Press, 2010. 269 p.: bibl., index.
[14] El Genocidio 1981-1983 https://www.myt.org.mx/memoria_url/guatemala-genocidio-1981-1983
[15] Efraín Ríos Montt, el general adicto a la Biblia y la ametralladora https://www.eldiario.es/internacional/theguardian/efrain-rios-montt-biblia-ametralladora_1_2191440.html
[16] Efraín Ríos Montt: régimen de Biblia y metralleta. Harold Segura. www.lupaprotestante.com/efrain-rios-montt-regimen-de-biblia-y-metralleta. Mayo 5 2013
[17] El buen Cristiano. Documental de Izabel Acevedo
[18] Ronald Reagan’s genocidal secret: A true story of right-wing impunity in Guatemala. Miles Culpepper. https://www.salon.com/2015/03/24/ronald_reagans_genocidal_secret_a_true_story_of_right_wing_impunity_in_guatemala/



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