Introducción
El nuevo corredor de la mafia estadounidense en América Latina se divide en tres partes complementarias que muestran cómo la narrativa de la « guerra contra las drogas » ha servido durante décadas como un dispositivo político, militar y económico para expandir el poder de Estados Unidos en América Latina.
La primera parte aborda los orígenes de esta narrativa, analizando los vínculos históricos entre Estados Unidos, redes mafiosas y agencias de inteligencia, así como el rol de los presidentes estadounidenses en la construcción de esta guerra como herramienta de dominación.
La segunda parte examina la expansión de la guerra y la militarización del continente latinoamericano como laboratorio e instrumento de control geopolítico, con especial énfasis en la formación de estructuras paramilitares en Colombia.
La tercera parte muestra la ofensiva actual: « Escudo de las Américas », el papel de Marco Rubio y las nuevas alianzas con redes narcotraficantes.
La política estadounidense ha estado marcada por una tensión permanente entre la lucha contra las drogas y los imperativos geopolíticos. En numerosos conflictos, las agencias de inteligencia recurrieron a aliados implicados en el narcotráfico cuando ello servía a sus objetivos estratégicos.”
— Alfred W. McCoy, The Politics of Heroin in Southeast Asia [1]
La guerra contra las drogas como instrumento de hegemonía
Durante más de un siglo, el dominio global de Estados Unidos no se ha mantenido únicamente a través de su poder militar y económico, sino principalmente a través de narrativas políticas sofisticadas que legitiman sus intervenciones —como las de los filibusteros en el siglo XIX y el expansionismo estadounidense—, incluso cuando estas culminan en fiascos catastróficos con millones de muertos, desplazamientos y ciclos ininterrumpidos de violencia.
Narrativas como excusa geopolítica
Estas narrativas presentan las intervenciones estadounidenses como misiones morales destinadas a defender la libertad, la democracia o la seguridad global, funcionando como un velo discursivo sobre intereses geopolíticos y económicos.
Durante la Guerra Fría, figuras clave de la política exterior como los hermanos Allen Dulles y John Foster Dulles contribuyeron a consolidar este marco ideológico al presentar el conflicto contra el comunismo como una lucha moral entre el bien y el mal, basada en la creencia de que una Providencia había asignado a Estados Unidos un papel global especial. En la práctica, esta narrativa también servía para legitimar la expansión de los intereses financieros, industriales y estratégicos estadounidenses. Como escribe David Talbot, “una cosa está clara: Dulles no era un agente deshonesto que actuara por cuenta propia. Servía a los intereses de las élites corporativas y militaristas de Estados Unidos, y lo hizo con total determinación” [2].
Jane Mayer, en Dark Money: The Hidden History of the Billionaires Behind the Rise of the Radical Right, establece paralelos entre redes financieras actuales y pasadas. Los hermanos Dulles, socios de Sullivan & Cromwell —vinculada a bancos como Kuhn, Loeb & Co.— facilitaron inversiones estadounidenses en la Alemania de los años 30, de donde provenía cerca del 70 % del capital extranjero. Pese a saber por un industrial alemán de la construcción de Auschwitz y su propósito, John Foster Dulles guardó silencio [3]. Más tarde, estas mismas redes jurídicas impulsaron intereses capitalistas globales en proyectos como el Marshall Plan.
Cuando los hermanos Dulles ocupaban los cargos de secretario de Estado y director de la CIA en los años cincuenta, promovieron e implementaron intervenciones y operaciones encubiertas de Estados Unidos en países como Guatemala, Irán, Congo y Vietnam. Aunque cada país tenía su propio contexto, lo interpretaron como parte de una misma amenaza comunista, con el respaldo del presidente Dwight D. Eisenhower. [4a].
Como señala Stephen Kinzer: « Los hermanos Dulles construyeron una visión mesiánica de la Guerra Fría legitimando golpes de Estado y operaciones encubiertas en el Tercer Mundo… ¿Y qué he aprendido de mis años de viaje en lo que una vez se llamó el ‘mundo en desarrollo’? Simplemente, que la gente quiere ser tratada con respeto” [4b].
Y no, no hay respeto. ¿Cómo podría haberlo en un imperio que se ha erigido sobre narrativas morales falsas, violencia organizada y alianzas criminales al servicio de la hegemonía? La paradoja es clara: mientras Estados Unidos se proclama guardián moral en la “guerra contra el narcotráfico”, su poder se ha alimentado históricamente de esos mismos circuitos ilícitos que hoy finge combatir. Para comprender hasta qué punto esta paradoja tiene raícesprofundas, conviene hacer un breve recorrido por los orígenes de las grandes fortunas que sostuvieron el ascenso del imperio y alimentaron su poderio económico y militar.
Las raíces históricas del narcotráfico imperial: del opio al poder estadounidense
Mucho antes de la Guerra Fría o de la llamada “guerra contra las drogas”, los intereses comerciales estadounidenses ya estaban estrechamente vinculados al mercado global del opio. Aunque la historiografía ha mostrado con detalle el papel del Imperio británico en este comercio, los comerciantes estadounidenses desempeñaron también un rol significativo en la expansión de ese mercado en Asia. Como subraya el profesor J. Downs:
« Los comerciantes estadounidenses jugaron un papel innovador significativo en el desarrollo de nuevas fuentes de suministro y la expansión del mercado. Estas actividades obligaron a la monopolística Compañía Británica de las Indias Orientales a proteger su comercio de opio a China, lo que condujo a la guerra del Opio en 1839, cuando el gobierno chino intentó detener la importación del narcótico » [5].
Estas actividades comerciales no fueron episodios aislados, sino los primeros eslabones de una cadena de acumulación que alimentó el ascenso económico de Estados Unidos.
Estados Unidos y el tráfico del opio: la base ilícita del poder económico del siglo XIX
En el siglo XIX, varias grandes fortunas estadounidenses se forjaron a través del comercio de opio con Asia. Mientras China intentaba frenar el contrabando británico, comerciantes de Estados Unidos aprovecharon esa crisis como oportunidad financiera y geopolítica. Las ganancias obtenidas de este tráfico impulsaron la acumulación de capital que más tarde financiaría la industrialización y consolidaría la influencia económica del país [6].
Dinastías del opio: De Boston a la élite política estadounidense
Estas riquezas no quedaron confinadas al terreno económico, sino que se tradujeron en influencia política y simbólica duradera. Los implicados en este tráfico no solo acumularon fortunas, sino que sentaron las bases de dinastías comerciales que han perdurado por generaciones. Familias influyentes vinculadas a la élite política y académica —como los Forbes, con sus lazos históricos con el comercio marítimo hacia China, y los Roosevelt, cuyo abuelo de Franklin D. Roosevelt participó en la firma Russell & Company— formaron parte de redes ligadas al tráfico de opio durante el auge del colonialismo en Asia. [7]. Este comercio se integró en un sistema global dominado por potencias occidentales, que inundó China de opio y provocó una crisis social con millones de adictos.
Estas dinastías no solo consolidaron el poder económico del país, sino que también sentaron las bases de redes de influencia que se entrelazarían, décadas después, con los aparatos de inteligencia y seguridad del Estado. Esa convergencia entre intereses privados y estrategias geopolíticas se profundizó durante la Guerra Fría.
Guerra Fría, la CIA y el Triángulo de Oro: anticomunismo y tráfico de opio
Tras la Segunda Guerra Mundial, la administración Truman creó en 1947 la Agencia Central de Inteligencia (CIA) para espionaje y operaciones encubiertas contra el comunismo. Alfred W. McCoy en su investigación documenta cómo milicias anticomunistas respaldadas por la CIA en el Triángulo de Oro —Birmania, Laos y Tailandia— financiaban sus operaciones mediante el comercio de opio y heroína. La CIA utilizó aerolíneas como Air America para transportar opio desde zonas controladas por el Kuomintang (KMT) y tribus Hmong, tolerando o facilitando el narcotráfico para sostener ejércitos secretos contra el avance comunista [8].
De la OSS a la CIA: las alianzas con la mafia y el narcotráfico en Estados Unidos
Esta complicidad se remonta a la Segunda Guerra Mundial. La Office of Strategic Services (OSS), predecesora de la CIA, y la Office of Naval Intelligence (ONI) establecieron vínculos con la mafia ítalo-americana, reclutando a figuras como Charles « Lucky » Luciano, Meyer Lansky, Joe Adonis y Frank Costello . Como documentó el congresista John Conyers en el Congressional Record, A Tangled Web: A History of CIA Complicity in Drug International Trafficking [9]. Estas alianzas —iniciadas en la « Operation Underworld » para garantizar la seguridad portuaria y apoyar la invasión de Sicilia— sentaron precedentes para redes anticomunistas posteriores orientadas a contener a la izquierda italiana y europea.
Encarcelado desde 1936, Luciano obtuvo la conmutación de su pena como recompensa por esa colaboración y fue deportado a Italia en 1946, donde erigió su imperio de heroína: primero desviando suministros del mercado legal, luego conectando con Líbano y Turquía para proveer base de morfina a laboratorios sicilianos. Estas redes se entrelazaron con estrategias de persecución anticomunista en Italia, evidenciadas en episodios como la Masacre de Portella della Ginestra (1947), cuando hombres armados mafiosos atacaron una manifestación campesina del PCI el 1.º de mayo, asesinando a once personas[10].
Paralelamente, la OSS y la ONI trabajaron con pandillas chinas que controlaban vastos stocks de opio, morfina y heroína, mientras los comunistas chinos luchaban por limpiar el país de la adicción propagada por las potencias occidentales. Estas alianzas sentaron las bases del tercer pilar del comercio de heroína post-1945 en el Triángulo de Oro (Tailandia, Birmania, Laos y Yunnan chino). Douglas Valentine, en sus dos investigaciones sobre la guerra antidrogas de Estados Unidos [11] y la CIA [12], corrobora estas alianzas, describiendo cómo la OSS-CIA organizó operaciones encubiertas con mafias —Lucky Luciano en Sicilia y Triadas en Asia— bajo la excusa de inteligencia bélica y lucha antidrogas.
En, The History of the CIA: Mafia Allies and the Beginning of the Global Drug, presenta un resumen visual del tema con fuentes documentadas, algunas citadas previamente en este artículo.
Presidentes y la narrativa imperial de la « guerra contra las drogas »
Pero esta maquinaria no opera en el vacío: requiere narrativas políticas que la legitimen. Los presidentes estadounidenses han utilizado sistemáticamente la narrativa de la « guerra contra las drogas » como instrumento dual para:
1. Represión interna: Esta política funciona como instrumento de represión masiva y encarcelamiento selectivo contra comunidades afroamericanas y disidentes, multiplicando las tasas de prisión por delitos no violentos.
2. Control externo: Militarizar regiones productoras de droga y canalizar recursos hacia aliados estratégicos, consolidando el dominio imperial bajo la fachada moralista de la « lucha antidrogas ».
Tres presidentes del siglo XX bastan para entender el patrón: Nixon, Reagan y Bush padre. Cada uno, a su manera, utilizó la narrativa antidrogas para consolidar el control interno y externo del imperio.
Richard Nixon y el nacimiento de la “guerra contra las drogas”
Los levantamientos raciales de fines de los 60 y las protestas contra Vietnam generaron temor entre los políticos estadounidenses. Richard Nixon explotó este clima declarando la « guerra contra las drogas » en 1971, apuntando a afroamericanos y « hippies » como enemigos internos. Lejos de reducir el narcotráfico, esta política funcionó como cortina de humo para agendas racistas, antiguerra y anticomunistas.
Efectos desproporcionados en afroamericanos
Entre 1980 y 2011, los arrestos de afroamericanos por delitos violentos y de propiedad cayeron, pero los relacionados con drogas se dispararon, pese a tasas de uso similares y mayor venta entre blancos [13].
En Harper’s (2016), Dan Baum reveló la confesión de John Ehrlichman, consejero doméstico de Nixon: « La campaña de Nixon tenía dos enemigos: la izquierda anti-guerra y los negros. No podíamos criminalizar ser negro o hippie, pero asociándolos con marihuana y heroína, y penalizándolos duramente, desarticulamos sus comunidades, arrestamos a sus líderes y los vilipendiamos en las noticias. ¿Sabíamos que mentíamos sobre las drogas? Por supuesto » [14].
Ronald Reagan, la CIA y la expansión del crack
Durante la década de 1980, Ronald Reagan intensificó la « guerra contra las drogas », declarándola amenaza a la seguridad nacional. En 1982, por radio, la describió como “un virus especialmente vicioso de la delincuencia”; en 1986, un peligro existencial para EE.UU. Firmó la Cruzada Nacional para una América Libre de Drogas, adoptando “tolerancia cero” contra estupefacientes
Pero en realidad, esta « cruzada » sirvió para financiar paramilitares en América Latina, encubriendo operaciones de la CIA que inundaron calles estadounidenses de crack —como reveló Gary Webb en Dark Alliance (1996), apoyando las denuncias pioneras de Barger y Parry desde los 80—. La agencia toleró el tráfico de cocaína de los contras nicaragüenses para sostener su guerra contra los sandinistas [15].
George H.W. Bush, Noriega y la instrumentalización del narcotráfico
La ambigüedad entre lucha antidrogas y alianzas estratégicas se hizo evidente en el caso de Panamá. El 6 de septiembre de 1989, George H. W. Bush —exdirector de la CIA— declaró las drogas « la amenaza interna más grave » para EE.UU., exigiendo « más prisiones, cárceles, cortes y fiscales »
Sin embargo, Bush —exdirector de la CIA— había mantenido una relación directa con Manuel Noriega, cuyo salario creció bajo Reagan-Bush pese a sus vínculos narco. Noriega fue aliado clave —proporcionando inteligencia contra sandinistas, lo que llevó a Carter a bloquear su procesamiento por narcotráfico en 1979—, pero su utilidad expiró en 1986 tras la investigación de Seymour Hersh (NYT) que lo ligó al narcotráfico y al asesinato de Hugo Spadafora [16]
En diciembre de 1989, Bush ordenó la invasión de Panamá. Pero The Panama Deception (1993) reveló el objetivo real: impedir la transferencia del canal a soberanía panameña bajo el pretexto moralizador antidrogas —una masacre encubierta [17]. Ver https://www.youtube.com/watch?v=3SRVJvsFdgA&rco=1
Narrativas vs. realidades: el negocio de las armas
En este párrafo resumido, tomado del libro de P. Andreas, profesor de Brown University [18] se evidencia uno de los grandes objetivos de la « guerra contra las drogas »: el negocio de las armas.
En 1989, Dick Cheney declaró la lucha antidrogas prioridad del Pentágono. Este asumió tres roles: detectar tráfico entrante, integrar sistemas C3 antidrogas y financiar planes estatales con la Guardia Nacional. El presupuesto saltó de $357M (1989) a más de $1B (1992).
Post-Guerra Fría, oficiales admitieron cínicamente:
- Exfuncionario Reagan: «Antes era difícil obtener ayuda militar antidrogas; ahora la droga justifica nuestras fuerzas».
- General: «La paz nos da algo que hacer».
- Inspector general: oficiales usaban antidrogas para subvencionar proyectos no relacionados.
Ejemplos concretos:
« Sommet sur la drogue I » (1990): 300 fabricantes de armas + Los Alamos para tecnologías antidrogas. Radar OTH-B antimísiles soviéticos ($2.3B) reorientado « antinarcos ».
De filibusteros a MAGA: mismas alianzas narco-CIA
Teniendo en cuenta la historia del imperio, las narrativas y sus alianzas criminales —incluyendo vínculos históricos entre la CIA y narcotraficantes para financiar operaciones encubiertas—, los MAGA, encabezados por Trump y la mafia de Florida de Rubio, siguen el mismo camino, las mismas narrativas, las mismas prácticas de los filibusteros rediseñando peligrosamente el nuevo corredor de la mafia en América Latina: Escudo de las Américas
Pero antes de hablar del Escudo, en la Parte II analizaremos cómo América Latina, y especialmente Colombia, se convirtió en el laboratorio de esta guerra: militarización, paramilitarismo y la formación de mercenarios al servicio del imperio.
Referencias
[1] The Politics of Heroin in Southeast Asia. Alfred W. McCoy. Harper & Row,Publishers
New York, Hagerstown, San Francisco, London 1972
[2] El tablero de ajedrez del diablo: Allen Dulles, la CIA y el ascenso del gobierno secreto de EE.UU. Talbot, D. HarperCollins, 2015.
[3] Koch Was Not Alone in Aiding the Nazi War Machine. Dusty Sklar. 2016. https://jewishcurrents.org/doing-business-with-hitler
[4a] Kinzer, Stephen. The Brothers: John Foster Dulles, Allen Dulles, and Their Secret World War. New York: Times Books, 2013 (intervenciones en Congo, Guatemala, Indonesia, Irán y Vietnam).
[4b] Kinzer, Stephen. The Brothers: John Foster Dulles, Allen Dulles, and Their Secret World War. New York: Times Books, 2013 (visión mesiánica de la Guerra Fría).
[5] American Merchants and the China Opium Trade, 1800–1840. Jacques M. Downs.Junio, 2012 https://www.cambridge.org/core/journals/business-history-review/article/abs/american-merchants-and-the-china-opium-trade-18001840/CAF870083D191F963CA77113B11320A3
[6] The Americans who made money from opium and where the profits went https://www.openasia.asia/the-americans-who-made-money-from-opium-and-where-the-profits-went/
[7] The Blue-Blood Families That Made Fortunes in the Opium Trade. Amitav Ghosh . The Nation, enero 2024. https://www.thenation.com/article/society/american-old-money-opium-trade-fortunes/
[8] The Politics of Heroin in Southeast Asia. Alfred W. McCoy. Harper & Row,Publishers
New York, Hagerstown, San Francisco, London 1972
[9] A Tangled Web: A History of CIA Complicity in Drug International Trafficking. 1998. https://irp.fas.org/congress/1998_cr/980507-l.htm
[10] La Portella della Ginestra. Microstoria di una strage di Stato. Giuseppe Casarrube. Ed. Franco Angeli, 1997
[11] The Strength of the Wolf: The Secret History of America’s War on Drugs y The CIA as Organized Crime . Douglas Valentine. Ed. Verso Books, 2004
[12] The CIA as organized crime: How illegal operations corrupt America and the world. Clarity Pres, 2016
[13] 1971: Nixon’s War on Drugs War on Drugs or Race? https://www.thebaltimorestory.org/history-1/1971-nixons-war-on-drugs
[14] Nixon Adviser Admits War on Drugs Was Designed to Criminalize Black People. Equal Justicie Initiative, 2016 https://eji.org/news/nixon-war-on-drugs-designed-to-criminalize-black-people/a
[15] Dark Alliance: The CIA, the Contras and the Crack Cocaine Explosion. Gary Webb, 1998
[16 https://www.thenation.com/article/archive/1989-war-panama-super-charged-us-militarism/
[17] Chained Together in Hell: Bush and Noriega. James McEnteer. Junio, 2017. Counterpunch. https://www.counterpunch.org/2017/06/02/chained-together-in-hell-bush-and-noriega/
[18] Killer High: A History of War in Six Drugs. Peter Andreas. Oxford University Press, 2020 ISBN: 9780190463014










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