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Por una EDUCACIÓN popular en POLÍTICA

Oprimidos o liberados

[…] se debe tener en cuenta que la mayor parte de la población era rural, campesinos sin tierra y agricultores desplazados, con enormes obstáculos para desarrollar actividades productivas, e incluso para poderse mantener en sus territorios dadas las afujías económicas y la violencia política y social que correspondía afronta en esta época (1930-1946) se inicia el proceso de desplazamiento de habitantes del campo a la ciudad […] (p. 65). Gómez Hernández, 2011

Colombia: un país campesino

Leyendo apartes de la historia como el parágrafo arriba escrito, nos damos cuenta de que uno de los problemas constantes en Colombia ha sido la desigualdad en el reparto de la tierra, un obstáculo para una paz duradera y un país democrático. Reformas agrarias incumplidas y gobernantes elegidos por las élites y los empresarios para conservar sus privilegios. Es decir, en pleno siglo XXI, nada y poco ha cambiado, sin embargo, a pesar del éxodo y la violencia del Estado, el 43.6 % de la población colombiana se considera como campesina, según el Dane 2019.

Población que se considera campesina . Fuente: Dane

Protestando ando

Entre el 19 de agosto y el 12 de septiembre de 2013, bajo el primer gobierno de Juan M. Santos, tuvo lugar la protesta agraria más importante de las últimas décadas en Colombia, llamada la «rebelión de las ruanas». A ella se sumaron sindicalistas, movimientos sociales, transportadores, maestros, trabajadores de la salud y estudiantes. Todos reunidos con el fin de demandar derechos por la tierra, el empleo, la educación etc. En fin, por los mismos problemas que aquejan a todos/as, las desigualdades sociales y cansados de las promesas incumplidas.

La mayor parte del territorio nacional se vio afectada por los bloqueos, mítines, marchas, cacerolazos y un coralario de protestas. No obstante la movilización ciudadana, el paro fue una protesta más de las tantas que se han realizado desde que somos una República. La principal estrategia del gobierno frente a las demandas del pueblo fue de tipo militar y policial. Se militarizaron las principales vías del país y se le dio un tratamiento de guerra a la protesta social.

Las ruanas
Las cacerolas

Recuerdo aún mi decepción el 7 de septiembre 2013 al escuchar la supuesta normalización del país sin ninguna negociación, nos encontramos con el fenómeno más típico de nuestra geografía pluriétnica y multirracial, así como somos de diversos, somos de desunidos e indiferentes. Y es precisamente la falta de cohesión social y los personalismos como se le termina dando la razón al gobierno de turno. Algunos sectores, como ciertos sindicatos, terminan vendiendo el paro y capitulando frente a las exigencias del gobierno. Un gobierno que tiene a su favor a los medios de comunicación y que con la propaganda mediática de «El Tal Paro Nacional, No existe», terminan por desinteresar a la ciudadanía para que salga a luchar por sus derechos.

Debilidades

La desunión por una causa común es una de las debilidades y los gobernantes lo saben, por eso mismo hacen todo para: «dividir y mejor reinar». Es así como atacan el primer eslabón para ir por los otros eslabones hasta dejar la causa en desperdigados pobres e inútiles fragmentos. Claro, no sin antes haber puesto el pueblo algunos muertos y de esa manera el Estado justifica el despliegue del aparato intimidatorio oficial. Es la excusa perfecta para diezmar los ánimos de la protesta, mostrar la violencia del Estado para obligar a disminuir el apoyo del ciudadano común que prefiere quedarse plácidamente en su casa mientras observa, con pasmosa tranquilidad, cuál será el nuevo o viejo impuesto reciclado con el cual van a colaborar en la solución de los problemas. O volverá a participar en una discusión en la que, por un gusto muy curioso, se abstuvo de participar.

El Estado envía a reprimir las protestas

Ese ciudadano indiferente es generalmente el que lucha para adquirir su automóvil, pero está conforme con no poderlo usar porque el costo del combustible, peajes e impuestos son elevados y difícilmente pueden ser financiados, puesto que tiene que escoger las otras prioridades como la alimentación, las altas matriculas de sus hijos, los servicios públicos, bancarios y en general por todo lo que se protesta, es decir, el derecho a la equidad social y a una vida digna.

Oprimidos

Pero mientras la ciudadanía oprimida, campeones de la halterofilia económica sigan aceptando echarse la carga del Estado corrupto y la atención social a las espaldas, nuestros «padres de la patria» seguirán con gusto enviando sus mensajes a través de sus medios de comunicación, RCN, Caracol, El Tiempo etc., con palabras de agradecimiento. En otras palabras, ellos dirán detrás de bambalinas: “una vez más estos colombianos recibirán una carguita extra en sus hombros y subsanarán el despilfarro, el robo y él desgreñó oficial”.

El ciudadano oprimido no se despierta y sigue bajo el embrujo de los medios de comunicación oficiales que tienen un nivel de destrucción colosal de desinformación y maquillaje para ocultar las realidades. Así se pudo constatar con el paro del 2013, según los medios de comunicación las protestas iniciaron un viernes cuando lo más álgido de las manifestaciones ya se había apagado. Cuando los abusos y la represión desmedida del Estado se había convertido en un simple chisme de revoltosos o «mamertos» y luego de que el gobierno Santos decidiera hacer, desde la comodidad de su ventaja militar y mediática, lo que debería haber hecho desde el comienzo, escuchar a la ciudadanía.

Soluciones hay voluntad no hay

El paro, una exigencia social, justa y pacífica de la ciudadanía no fue atendido por los entes gubernamentales que, aunque no tenían las respuestas, nominalmente eran quienes debieron haber dado la cara. El primer vocero del gobierno y el único, a excepción de las torpes y claramente desatentas posiciones del presidente Santos frente a los campesinos, fue el ministro de guerra Pinzón.

Un ministro de la guerra para dialogar, sin duda un hombre con talante y gallardía para enfrentar a los «bandidos infiltrados» en las protestas por el hambre y la miseria. El paro es tratado como una guerra, guerra que la gente como él ha sostenido para no desmontar la extraordinaria máquina militar, pero sobre todo y como quedó demostrado, la máquina para sostener la desigualdad y el saqueo, porque eso fue lo que salió a defender la fuerza pública, no la seguridad de quienes marchaban o de quienes permanecían indiferentes en sus casas, sino la permanencia del modelo saqueador y abusivo de un estado corrupto, inoperante y «herrado» (Errado = erróneo, Herrado = Mula.).

La respuesta del Estado han sido siempre la misma frente a la exigencia de la ciudadana a sus derechos y a las promesas de campaña incumplidas, la represión para disminuir la presión y terminar sin brindar soluciones reales a los problemas sociales o simplemente entregando uno que otro «pañito de agua tibia», comprando a los burócratas sindicales, como se puede constatar en la realidad.

Julio R. Gómez director de a CGT vende a los sindicatos

Liberarnos

Por eso, como decía Rosa Luxemburgo «quien no se mueve, no siente las cadenas», y mientras sigamos permitiendo las cadenas y no seamos capaces de unirnos por una causa común, el opresor seguirá vendiendo miedo y con él, su violencia.

Liberarnos

Pero la más hermosa de todos las dudas, la de los exánimes, la de los desesperados que levantan la cabeza y dejan creer en la fuerza de sus opresores.


Fragmento DEl «ELOGIO A LA DUDA» DE bERTOL BRECHT

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