Emancipar

Por una EDUCACIÓN popular en POLÍTICA

Mujeres y realidades

La interseccionalidad, la clave que los movimientos progresistas necesitan

De hecho, ya en 1851 durante una convención por los derechos de la mujer en Ohio, se discutía sobre el derecho al voto y algunos hombres argumentaron que las mujeres eran demasiado débiles y ociosas para adquirir este derecho a votar. Sojourner Truth toma la palabra y exclama: «¿No soy una mujer?». Ella había sido obligada a trabajar sin piedad como esclava y por la primera vez, alguien cuestionaba el «estándar femenino» que se basaba en la experiencia de las mujeres blancas de clase media. Citemos también a Anna J. Cooper y su obra «Una voz del sur» (1892) en la que sostiene que son precisamente las mujeres negras las que deben liderar la lucha contra la segregación, porque están más sujetas a un sistema de opresión (sexismo y racismo) que los hombres negros (racismo). Ella denuncia en este libro la exclusión de las mujeres negras de luchas antirracistas (lideradas por los hombres negros) al mismo tiempo que las luchas feministas (lideradas por las mujeres blancas) [1].

Ser mujer desde los territorios

¿Qué es ser mujer?. Es quizá la pregunta que inconscientemente muchas mujeres nos hacemos debido, muy posiblemente, a que no se nos enseñaba a distinguir la discriminación. Y no se nos preparaba -en todo caso a las de mi generación y a las anteriores- a enfrentarnos a los obstáculos que surgen en el desarrollo de nuestras vidas de estudiante, profesional o familiar.

Y en Colombia, un país con una marcada violencia que data de la época de la independencia y con una sociedad muda que ha sido indiferente a los ríos de sangre dejados por una guerra sin merced, reconocerse como mujer no es fácil. Por esta razón, el ejercicio de reconocerse como mujer debe iniciar por el reconocimiento de nuestras raíces, crear una identidad propia en una tierra multicultural – no en la copia de otros modelos- y en la construcción y fortalecimiento del tejido social.

También, ser mujer es cuestionar e interpelar las estructuras opresoras que afectan a todos los géneros con el fin de transformar la sociedad excluyente y buscar la igualdad social para todos/as. Porque la interseccionalidad en el feminismo es la capacidad de esa fuerza transformadora.

La instrumentalización del movimiento feminista

Hoy en día las luchas feministas se han  instrumentalizados y en Colombia se ha generado – más que entender el concepto y lo que ha significado históricamente la lucha feminista – un rechazo, un malestar  y la estigmatización del feminismo. Es un feminismo que está siendo utilizado en un orden jerárquico para beneficio de la clase hegemónica, ignorando que el feminismo es un amplio conjunto de movimientos sociales.

Esta instrumentalización del feminismo -apenas si se usa como teoría- ha servido a los partidos políticos dominantes para continuar con la feminización de la pobreza. Es decir, la mujer no posee igualdad salarial, ni condiciones dignas de trabajo y salud. Pero tampoco apoyo o recursos para una educación pública gratuita, garantías para que pueda salir de la condición de pobreza. 

Por otro lado, en estos partidos las cabezas visibles de la mujeres se  han autoproclamado la única voz feminista, sin realizar una consulta popular. Pero sobre todo, desconociendo las realidades de las mujeres trabajadoras, campesinas, indígenas, afrodescendientes, etc.

¿Mujeres gobernando?
Feminismo hegemónico

Y han continuado con las políticas de segregación y fomentando la xenofobia, la transfobia, basándose en ideologías religiosas y de género para evitar reconocer los derechos sexuales reproductivos y sociales. Así mismo han aprovechado la violencia de género como bandera para agredir o eliminar a los opositores políticos, confundiendo al electorado.

La violencia social

¿Y cómo hablar de feminismo cuando las mujeres en Colombia han sufrido, bajo la jerarquía del patriarcado (desde las mismas estructuras del Estado)  las peores violencias?.

Mujeres que han sido abusadas, denigradas, segregadas, discriminadas, violentadas, usadas como botín de guerra, desaparecidas, asesinadas, secuestradas y/o reclutadas en los territorios rurales más vulnerables.

Los desalojos y la violencia en Bogotá
La violencia del Estado cuando se piden derechos

 Son aquellas mujeres que no tienen voz, ni  tampoco justicia, las que sobreviven al desplazamiento forzado (comunidades campesinas, indígenas y afro). Mujeres a la cuales sus derechos han sido vulnerados y – ante un proceso de paz firmado – aún no han obtenido la reparación ni el reconocimiento que dignifique y reivindique sus derechos.

Por eso, para hablar de feminismo en Colombia se debe partir de la base de nuestra tragedia como sociedad. Para reconstruirnos y reconocernos como una comunidad, es necesario hacer memoria colectiva, lo que significa, entre otras cosas, el tomar conciencia del contexto social.

La violencia de la desigualdad desde la realidad

En Bogotá, por ejemplo, la mayoría de la población que vive en los  estrato 1, 2 y 3 corresponde al 86% de la población total. [2]. En esta población  confluyen las victimas del desplazamiento forzado – comunidad afro, los indígenas y todas aquellas personas que han tenido que dejar sus tierras para salvaguardar sus vidas.

Poblaciones que han sido desterradas por la violencia y forzadas a engrosar los cordones de miseria en una ciudad que si bien llega a garantizar la subsistencia, las mantiene marginadas y en desigualdad social. 

Comunidades indígenas despojados de sus tierras erran por la ciudad

Para ilustrar la desigualdad que viven muchas mujeres, en la mayoría cabeza de familia, tomamos un ejemplo concreto. El recorrido diario de una mujer empleada de limpieza que vive en Ciudad Verde, municipio de Soacha, se llama Elsa (nombre y mujer real).

Elsa es madre cabeza de familia, vive con sus cuatro hijos y dos de sus hijas adolescentes ya tienen hijos. Elsa se levanta a las 3:30 de la mañana y para llegar a su trabajo debe tomar 3 diferentes tipos de transporte. Su trayecto diario de ida es de aproximadamente 2 horas y de regreso otras 2 horas, con una jornada laboral -un trabajo físico- de 8 horas. Al regresar de su trabajo debe hacerse cargo de las labores cotidianas, revisar tareas, oficios de hogar, compras de mercado, manejo de cuentas , etc. Ese es el diario vivir de Elsa los 6 días de la semana.

Atravesar la ciudad de un extremo al otro
Sin seguridad

Este ejemplo real nos muestra como las mujeres igual a Elsa son desconocidas. La realidad de su diario vivir no es considera y la opción de contar con un Metro subterráneo que beneficia a la mayor parte de la clase obrera que vive al sur de la ciudad, fue descartada.

Un enfoque de la interseccionalidad

La alcaldesa electa de Bogotá, una mujer, homosexual, proclamada diversa y usando las banderas del feminismo, llega a gobernar la ciudad. Una de las banderas de su campaña fue, entre otras tantas, la de mejorar el transporte público y no dar continuidad al transporte masivo de buses contaminantes, transmilenio. Ya en el poder, incumple la mayoría de sus promesas.

Incumplir las promesas
Recordando las promesas de la alcaldesa

Teniendo en cuenta el ejemplo de Elsa y el de la alcaldesa, vemos como el enfoque de interseccionalidad es trascendental porque demuestra que la opresión de las mujeres es a nivel jerarquizado. En otras palabras, las mujeres -las pocas- que tienen privilegios, no toman en consideración el contexto en el cual viven el gran numero de mujeres obreras.

De igual manera, estas mujeres del techo de cristal al autoproclamarse como la clase feminista que representa a la mayoría, imponen sus criterios pasando por encima del derecho de la mayoría.

El techo de cristal
Un grupo de mujeres decide por otras mujeres

Es por esto como, al no tener en cuenta toda la situación e ignorando la realidad, se acrecientan las desigualdades sociales. En el caso concreto del transporte, no solo se trata de tiempo y esfuerzo sino también lo que significa el pago de diferentes pasajes. El precio del transporte es un peso económico que profundiza la crisis y la pobreza extrema de la clase obrera. El sueldo básico no cubre las necesidades vitales de esos hogares, en su mayoría conformados por mujeres cabeza de familia.

Por otra parte, al encontrarse en dificultades económicas, estas mujeres son expuestas a ser desalojadas (como lo vemos), excluidas, maltratadas y/o discriminadas desde las estructuras del Estado y desde los propios partidos políticos que prometieron reivindicar sus derechos.

Sin dinero son lanzadas a la calle
En plena pandemia, los desalojos

Progresismo con enfoque interseccional

Por lo anteriormente expuesto, es importante que los movimientos progresistas entren en la formulación de la transformación social. Y para llevar a cabo esta transformación, se deben basar en el reconocimiento de la pluralidad, la multiculturalidad, el género, la orientación sexual, el origen nacional, lo territorial. En otras palabras, es el desarrollo de políticas que tengan en cuenta – como ya se ha hecho énfasis a lo largo del articulo- las voces y las realidades del territorio (ciudad, pueblo, vereda, urbano) con sus particularidades económicas, sociales, ambientales, culturales, etc. Es poner en práctica el feminismo interseccional y comunitario pero pasando del marco teórico a lo práctico.

Además, es a las mujeres de los movimientos sociales progresistas de participar activamente porque es a través de su lucha como se puede acabar con la desigualdad social. Y es con la acción en los territorios como se combate al actual feminismo hegemónico opresor que opera en gobiernos como el de Bogotá.

Para concluir, la lucha feminista y la emancipación de la mujer están en el reconocimiento de las identidades, el entendimiento de la diversidad y el trabajo activo y real en los territorios.

Citas

[1] Janssen B. Interseccional: de la Teoría a la práctica. Centro de educación popular André Genot, 2017

[2] Riaño, N. C. Conozca cómo es el mapa de los estratos en las grandes
ciudades de Colombia. La Republica, pág. 1, 27 de Mayo de 2019

Puede que te hayas perdido

6 minutos de lectura
9 minutos de lectura
11 minutos de lectura