Emancipar

Por una EDUCACIÓN popular en POLÍTICA

Encadenados a la guerra

«Hace algunos años, siendo diplomático ante la Unesco, le escuché decir al delegado de Palestina la siguiente frase: “Es más fácil hacer la guerra que la paz, porque al hacer la guerra uno ejerce la violencia contra el enemigo, mientras que al construir la paz uno debe ejercer la violencia contra sí mismo”. En efecto, decía él, es muy violento darse la mano y dialogar con quien ha martirizado y herido de muerte a los míos, es violento hacerle concesiones y reconocer como igual al que ha destruido mi casa, quemado mis tierras, usurpado mis templos. Es sumamente violento, y sin embargo debe hacerse». Santiago Gamboa, «La guerra y la paz».

Las élites mantienen la violencia

Colombia desde su «independencia» vive en un constante guerra mantenida por el poder hegemónico – en manos de unas pocas élites-. Guerra que permite justificar la explotación de los recursos naturales y mantener al pueblo sometido a la miseria para poder gobernar. Élites que han sido funcionales a los intereses económicos extranjeros.

Pero para alimentar la guerra, dominar y mantener el statu quo, han creado el enemigo interno. Es decir, considerar a cualquier ciudadano que se rebele contra el sistema y/o pida derechos, un adversario hostil que pone en peligro la estabilidad del país (sus intereses). Y es así como a través de nuestra sangrienta historia de República, las masacres, el genocidio, la desaparición forzada etc., se acumulan, bajo la mirada inerme de una sociedad convencida que el otro es un enemigo.

Genocidio político de la Unión Patriótica
Desaparición forzada

Las victimas

Y en esa guerra están las víctimas que generan las diferentes violencias dejando grandes cicatrices y profundos impactos en las comunidades. Víctimas que reclaman verdad y claman por la paz con justicia y equidad social. Por ese motivo, cuando el presidente Juan Manuel Santos empezó las negociaciones de paz en el 2012 con la guerrilla de las FARC, nosotros, las víctimas directas de la guerra – en nuestro caso de las FARC- nos embargó la ilusión y la esperanza de dejarle a nuestros hijos, al fin, un país en el camino hacia una verdadera paz.

Un secuestro

Para ilustrar, el testimonio de una familia víctima directa de la violencia. Nosotros vivimos en carne propia el sufrimiento que deja esta guerra y por eso mismo sabemos la importancia del perdón para una paz verdadera. La breve historia del secuestro de un miembro de nuestra familia: mi esposa fue secuestrada el 12 de enero del 2000 por el frente 22 de FARC, el cual operaba en Cundinamarca y durante 6 meses permaneció en cautiverio, tiempo en el que se negociaba su liberación.

Carta de la Farc pidiendo el dinero para la liberación

La zozobra, el miedo y la impotencia. Se contacta al Gaula quien empieza primero a investigar a los miembros de la familia, entre ellos yo, su esposo. Y comienzan las negociaciones y con ella las tensiones, sin saber si mi esposa podía morir en el intento de rescate. El Gaula incita a negociar rápidamente – lo que puede ser un error- al final se pagó una suma inferior que no cubre, haciendo cuentas, los gastos que ellos deben pagar para secuestrar. Igualmente, amenazaron al padre de mi esposa con secuestrarlo, pero en esa época se acabó el intento de paz del Caguan e inicia nuevamente la arremetida del Estado contra las FARC. Fue con ese frente (Frente 22) con el que se iniciaron las negociaciones, pero con acciones militares y fueron exterminados. Y el azar, un paciente de mi esposa, un militar, le contó sobre la muerte de quienes la custodiaron.

Y no, no sentimos alegría por la muerte de los secuestradores. Se siente desasosiego de ver la sombra de la muerte rondando frente a nuestros ojos.

Los anti-paz

Los políticos

Cuando J.M. Santos acabó con la «seguridad democrática» para iniciar los diálogos de paz, los detractores no se hicieron esperar. Los personajes Uribistas (políticos con el expresidente Álvaro Uribe Vélez a la cabeza) hicieron parecer perversos estos acercamientos e iniciaron una campaña de desprestigio contra el proceso de paz. Lo contradictorio, es que durante el gobierno de A. Uribe él también intentó negociar con la guerrilla de las FARC, sin conseguirlo puesto que pedían la rendición negociada, que la guerrilla no aceptaría, aunque con unos ofrecimientos mucho más generosos que los Acuerdos finales de paz de Santos.

Cuando Uribe negociaba con las Farc

Los medios de comunicación/empresarios

Por otro lado, los grandes empresarios lanzan la campaña #SoyCapaz (algunos son a la vez dueños de los medios de comunicación) junto a los medios de comunicación, iniciativa para supuestamente alcanzar la tan anhelada paz. Sin embargo, ese compromiso lanzado con bombos y platillos en las cadenas nacionales de radio y TV como RCN con Yolanda Ruiz y Caracol con Hernán Peláez dura apenas dos días. Luego de la euforia, los medios empezaron a mostrar su verdadero compromiso: desinformación, mentiras, manipulación, sin olvidar el fantasma del castrochavismo. Un manejo informativo para vender el miedo y apuñalar así nuestro sueño de paz.

Además, en 2015 dos eventos desafortunados, 11 soldados muertos  en Buenos Aires, Cauca y el de 26 guerrilleros muertos en Guapi, Cauca, se convierten en el caldo de cultivo para que los medios de comunicación siguieran manejando las emociones de la ciudadanía. Más muertos, menos esperanza.

Guerrilleros asesinados
Soldados asesinados

Aquí cabe escribir un aparte de «Elegía a “Desquite» del poeta, escritor, periodista Gonzalo Arango: Pregunto sobre su tumba cavada en la montaña: ¿no habrá manera de que en Colombia, en vez de matar a sus hijos, los haga dignos de vivir?.

El viacrucis hacia la paz

Tire y afloje

Y así, entre la propaganda y la presión ciudadana, finalmente se firma el acuerdo, todo es alegría y gozo. Queda la refrendación popular, el plebiscito que el tahúr de Santos lanza para pedirle al pueblo su aprobación, como si Uribe no hubiera hecho un acuerdo de justicia y paz con los paramilitares sin ninguna consulta popular.

Un plebiscito innecesario, puesto que en 2014, con 9.6 millones de votos, Juan Manuel Santo recibió el mandato popular para buscar la paz. Entonces, lanzar un plebiscito fue, por un lado, la manera de poder cambiar los acuerdos que ya habían firmado (recordemos que Santos envió a asesinar a Cano, en pleno diálogo de paz), teniendo en cuenta el ambiente creado por A. Uribe y por otro lado, esto sirvió para darle popularidad a un expresidente que tiene varios procesos judiciales en su contra y revivir al partido Centro Democrático, uno de los actores más activos de la guerra. Sin temor a equivocarme, fue la devolución de un favor, porque Santos sin Uribe no hubiera sido presidente.

Así comienza una campaña irracional entre el Uribismo y los medios que se toman la vocería del NO y por el otro lado el gobierno de Santos, pero con una seria intención de fracasar, pues nombra un equipo de campaña que francamente: Gina Parody quien levanta la ira santa con sus cartillas de género, llamadas «homosexualizadoras». Un evento muy oportuno para dañar, teniendo conocimiento de las mentiras con mayores réditos para los opositores a los acuerdos de paz. Y los liberales, encabezados por Cesar Gavilla Trujillo, un bochinchero incapaz de transmitir seriedad y con una gran responsabilidad en la guerra (no olvidar el decreto de las Convivir), o el charlatán Roy Barreras, en fin, un equipo mediocre sin mayor interés.

Cartillas de ideología de genero

Propaganda

El ataque mediático en contra del plebiscito fue violento, la voz del expresidente Alvaro Uribe en horario prime en canales de TV y emisoras, entrevistas o más bien publireportajes día tras día. Una imagen de un tierno «abuelito» preocupado por sus nietos, pero repitiendo las mentiras: «le van a entregar el país a la guerrilla castrochavista», «habrá impunidad para las FARC», «el mayor cartel de cocaína del mundo», «igualan a las fuerzas militares con las FARC que tendrán impunidad total» etc., etc. Mentiras repetidas una y otra vez, sin que ningún periodista (Gustavo Gómez, Claudia Morales, Julito Sanchez , Nestor Morales, Claudia Palacios. Hassan Nassar, Yolanda Ruiz, Espinosa etc.) fueran capaces de refutarle o cuestionarle.

Y entre tantas mentiras, aún no entiendo y me pregunto ¿por qué Uribe quiere evitar que a sus «amigos» militares les den el mismo beneficio de cero castigo que a los «terroristas»?.

Entre la esperanza y el desazón

Pero a pesar de la presión, la fe seguía y en el territorio, como ciudadanos y víctimas, seguíamos insistiendo en los beneficios del acuerdo para el país. Caminamos calles enteras informando y respondiendo con argumentos a los cuestionamientos de los vecinos, amigos y cercanos sobre para qué servían los Acuerdos de paz. Y así, con una inmensa ilusión y alegría, el 2 de octubre de 2016 depositamos nuestro SI y a esperar el conteo de los votos. Las horas pasan, la ansiedad se apodera, empiezan a salir los primeros informes y ahí la tristeza se adueña de nosotros. Creíamos que el SI ganaría, así fuera por un margen bajo y que serviría para mostrarle al ELN, como creo hubiese ocurrido, que el camino adecuado eran los diálogos.

Un nubarrón gris, la desazón y la profunda tristeza cuando él NO supero al tan anhelado SI. Las mentiras del uribismos, la máquina mediática, los integristas religiosos y la ignorancia se habían unido para, en 8 horas, enterrar la ilusión de cerrar un capítulo de nuestra sangrienta historia.

Aún recuerdo cuando mi hija de 17 años, que estaba en ese momento en Francia, llamó y casi en términos de reclamo y ahogada en llanto me dijo: ¿Qué hicieron? ¿Qué están pensando, cómo perdimos esta oportunidad?.
Las palabras de mi hija me sacaron de mi estupor y las lágrimas corrieron por mis mejillas, un llanto que no logré contener. Y No, no entiendo aún cómo, ante el ruego y la súplica de todas las víctimas reales de la guerrilla, una ciudadanía que no ha padecido la violencia en carne propia, no fuera capaz de «perdonar». Con él NO nos revictimizaron y nos privaron del descanso que generara en nosotros ver desaparecer la sigla FARC, las que en algún momento nos hicieron sufrir.

Ganan las mentiras y la indolencia

Es un hecho, él NO ganó con mentiras, pero lo más indignante para nosotros, las víctimas, es que frente al hecho descubierto de que él NO ganó gracias a la campaña de Juan C. Vélez – ex-candidato a la alcaldía de Medellín por el Centro Democrático- con una estrategia coordinada y basada en la indignación, no haya un rechazo general de la sociedad.

La manipulación a través de las emociones

En todo el sentido de la palabra fue un fraude, otro más de los tantos a los que nos han acostumbrado en Colombia. Queda el sabor amargo de una sociedad que parece acostumbrada a contar sus muertos, como si la pena de muerte existiera en la constitución y fuera aplaudida con gritos y vivas por la ciudadanía. Ante este hecho resuena en mi cabeza una anécdota, un periodista le pregunta a un campesino: ¿qué opina de la pena de muerte?, el campesino responde: «que ojalá la quitaran». Aunque pueda sonar gracioso, es la triste realidad, nuestros campos están tapizados de muertos y muchos de los cuerpos en fosas comunes son de campesinos.

Las victimas siguen diciendo si a la paz

Al acompañar la marcha en Calí del #SiMasNo, en la que los del SI pusimos la gente y los del NO las banderas, los discursos otra vez engañosos (esta vez encabezados por Roy Barreras, Sigifredo Lopez y Alexander López), pretendieron primero dar como hecho que en esa marcha había la mitad de esas personas nobles que acompañaron la marcha como gente del NO. Y segundo, pretendían llevarnos a la unión entre 2 fuerzas que solo están unidas para la foto. Sin embargo, en las plazas de las ciudades estábamos una solo fuerza real, la de los que exigíamos la implementación de los acuerdos que respaldamos y los más calificados para hacerlo: LAS VÍCTIMAS

Porque son, somos las víctimas directas de la guerra creada y mantenida por las élites, las que sabemos lo que es llorar por los que vuelven vivos y sobre todo, por nuestros muertos.



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